Carta Mensual 2012


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Todavía siento el regocijo de la celebración litúrgica de la gloriosa resurrección de Nuestro Señor Jesucristo y en este mes de mayo tendremos la oportunidad de celebrar Pentecostés, fecha en que recordamos la acción de Jesús que dona el Espíritu a sus discípulos y a toda la humanidad con el objeto de hacernos creaturas nuevas.
No cabe duda que el mes de mayo estará lleno de muchas festividades y eso llama poderosamente mi atención, principalmente porque son muchos acontecimientos que llevan el sello de la presencia de la letra “M” de nuestro alfabeto y es por ello mi deseo de compartir sobre tres palabras que se inician con dicha letra, por el inmenso valor de su significado.
Comenzaré con la palabra METANOIA cuyo origen es griego y la cual se compone de dos palabras: META que significa transferir y NOIA que se refiere a la mente. Esta palabra fue tan importante que fue mencionada por El Beato Juan Pablo II en su Exhortación Apostólica Postsinodal “Iglesia en América”, capítulo 3: Camino de Conversión, dice: “Para hablar de conversión, el Nuevo Testamento utiliza la palabra Metanoia, que quiere decir cambio de mentalidad. No se trata sólo de un modo distinto de pensar a nivel intelectual, sino de la revisión del propio modo de actuar a la luz de los criterios evangélicos”.
De dicho concepto tan explícito es que también podemos contemplar la palabra TRANSFORMACION como un complemento. Dios es el más interesado en que cambiemos todo aquello que nos está perjudicando impidiendo experimentar la vida en abundancia, que prometió Jesús. Es aceptar un cambio de forma de pensar. "No vivan ya según los criterios del tiempo presente; al contrario, cambien su manera de pensar para que así cambie su manera de vivir y lleguen a conocer la voluntad de Dios, es decir, lo que es bueno, lo que es grato, lo que es perfecto". (Romanos 12,2) Cuando se tiene un verdadero encuentro con Jesús se da un antes y un después. Antes, maldecíamos hoy bendecimos; antes había rencor, hoy hay perdón; antes, desesperanza, hoy esperanza; antes, autosuficiente sin necesidad de Dios, hoy dependiente de la voluntad de Dios. Jesús vino a TRANSFORMAR, a transferirnos de la oscuridad a la Luz, de la muerte a la vida. Precisamente nuestra misión evangélica como apostolado es trabajar para lograr que el ser humano logre una transformación integral de su vida a través de su encuentro personal con El Señor Resucitado, Jesucristo.
La siguiente palabra es: MUJER. Satanás engañó a la primera mujer, (Eva) transformando su forma de pensar y la transfirió de la Luz a las tinieblas. Por este pecado vino la muerte. En este particular caso también se dio una transformación, pero con un efecto negativo, destructivo, de muerte. La mujer ha sufrido mucha discriminación a través de la historia y aunque ya estamos en el tercer milenio, aun existe y mucho de ello se debe al mal fundamentado machismo. Poniendo esto de manifiesto, me he preguntado muchas veces: ¿Por qué Satanás atacó primero a la mujer y no al hombre? Tengo una idea que creo es importante tomar en consideración y es que la mujer, a pesar de todo, sigue teniendo una gran influencia en el mundo, por consiguiente el enemigo ha buscado su destrucción para que ella no logre su potencial. La mujer es portadora de vida y capaz de transmitir su fe y esperanza a los demás. A este respecto nos dice San Pablo: “Pero cuando se cumplió el tiempo, Dios envió a su Hijo, que nació de una mujer, sometido a la ley de Moisés, para dar libertad a los que estábamos bajo esa ley, para que Dios nos recibiera como a hijos”. (Gal 4, 4-5)
A esa mujer, la iglesia la llama nueva Eva y es la única mujer que aceptó la invitación de Dios Padre para ser la portadora de la vida de su Hijo Amado. Esta nueva Eva obedeció y por su Fíat, su afirmativa respuesta, llegó la salvación al mundo. Por ese SI de MARIA es que Satanás fue aplastado y vencido, como dice en Génesis 3, 14 se le había predicho a la serpiente (Satanás). Por la obediencia de esa maravillosa mujer, es que su Hijo nos ofrece transformarnos de las tinieblas, a la luz; de la muerte, a la vida. Dios quiso complacerse en darle a la mujer su dignidad en el más alto nivel.
La otra palabra de significado maravilloso es: MADRE.
En este bello nombre de María se encierran todos los privilegios concedidos a la Santísima Virgen por haber sido creada para ser la Madre de Dios.
Es un regalo que todos nosotros, los hijos de Dios, tengamos por madre a la Madre de Jesús. Nuestra dulce madre del Cielo y nuestra veneración adquiere un interés especial para mostrar nuestra devoción y amor a Ella, la primera discípula y misionera de Cristo. Les invito a que levantemos nuestra oración en este mes diciendo: “Bendita sea tu pureza y eternamente lo sea, pues todo un Dios se recrea en tan graciosa belleza; a Ti, celestial Princesa, Virgen sagrada María, te ofrezco desde este día alma, vida y corazón. ¡Mírame con compasión, no me dejes, Madre mía!
MADRE es una palabra que con sólo mencionarla, me transporta de inmediato a los brazos del ser que dio origen a mi vida y me hace reconocer todo lo que ella hizo por mí. Ella, mi madre, me ayudó de tal manera que sus oraciones fueron contestadas favorablemente por el Señor mientras yo caminaba en la cuerda floja del mundo y sus ofertas. Mi madre nunca abandonó la oración constante en mi favor, confiando firmemente que tanto el Padre como Jesús responderían afirmativamente, sobre todo porque contaba con la intercesión y ayuda de nuestra Santísima Madre María.
Hoy deseo agradecer a todas las MADRES del mundo por su entrega, su sacrificio, sus lágrimas, sus sufrimientos, sus cuidados y atenciones, pero sobre todo por darnos la vida y dedicarnos su tiempo para cuidarnos, educarnos y llevarnos por el camino que lleva a conocer al autor de la vida y el amor, Dios Padre.

Agradezco en una forma muy especial a mi madre que descansa en paz y que dijo sí a la vida y no a la muerte, de la misma manera reconozco la bondad y entrega a la maternidad de Sara, mi esposa y madre de mis hijos, por su amor, fidelidad e influencia positiva en nuestra familia y al apostolado. Hoy alabo a Dios y como los 120 en Pentecostés pido: Señor envía tu Santo Espíritu y renueva a tu Iglesia con su poder, Amén.

Finalmente aprovecho la oportunidad para expresarles mi más profundo agradecimiento a todos nuestros misioneros, sembradores por el valor de sus ofrendas, pues gracias a ellas es que logramos hacer realidad nuestra misión evangelizadora y lograr llevar la bendita palabra del Señor hasta los confines de la tierra, lo cual comprobamos a través de las transmisiones en directo que hicimos de la reciente visita de su Santidad Benedicto XVI a México, lo cual se logró gracias a un equipo técnico de personas que especialmente fueron enviadas para realizar tal misión. Por eso una vez más les ruego a todos aquellos que reciben o leen la presente carta mensual, que no dejen de apoyarnos con sus donaciones, para que hombres y mujeres sigan recibiendo su bendición permanente, a través de la Televisión, Radio e Internet y Eventos.

Un saludo especial y amoroso a todas las benditas mujeres en su celebración del Día de las Madres y ruego por su empeño a la veneración de la Santísima Virgen María en el mes que ha sido dedicado en especial a Ella, en quien se resume ser mujer, esposa y madre.
Mi aprecio para todos nuestros benefactores y les ruego que en su celebración de Pentecostés invoquen fuertemente por una nueva efusión del Espíritu Santo para ustedes y también para nuestro apostolado. Por mi parte oraré para que el Señor se derrame en bendiciones sobre todos y cada uno de ustedes.

Su amigo y Servidor en Cristo Jesús.









Noel Díaz.


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