Oración a San Juan Bosco para los jóvenes

Oh glorioso San Juan Bosco, que para conducir a los jóvenes a los pies del divino Maestro y moldearlos a la luz de la fe y de la moral cristiana, te sacrificaste heroicamente hasta el final de tu vida y creaste un Instituto religioso propio destinado a perdurar y a llevar hasta los confines más lejanos de la tierra tu obra gloriosa, Obtén también para nosotros de Nuestro Señor un amor santo por los jóvenes que están expuestos a tantas seducciones, para que podamos gastarnos generosamente en sostenerlos contra las trampas del diablo, en mantenerlos a salvo de los peligros del mundo, y en guiarlos, puros y santos, en el camino que conduce a Dios.

Amén.

ACTO DE CONSAGRACIÓN DE LOS JÓVENES A MARÍA

Fuente: Página de El Vaticano

«He ahí a tu Madre» (Jn 19, 27).
Es Jesús, oh Virgen María,
quien desde la cruz
nos quiso encomendar a ti,
no para atenuar,
sino para reafirmar
su papel exclusivo de Salvador del mundo.

Si en el discípulo Juan
te han sido encomendados
todos los hijos de la Iglesia,
mucho más me complace
ver encomendados a ti, oh María,
a los jóvenes del mundo.

A ti, dulce Madre,
cuya protección he experimentado siempre,
esta tarde los encomiendo de nuevo.
Bajo tu manto,
bajo tu protección,
todos buscan refugio.

Tú, Madre de la divina gracia,
haz que resplandezcan con la belleza de Cristo.
Son los jóvenes de este siglo,
que en el alba del nuevo milenio
viven aún los tormentos que derivan del pecado,
del odio, de la violencia,
del terrorismo y de la guerra.

Pero son también los jóvenes a quienes la Iglesia
mira con confianza, con la certeza
de que, con la ayuda de la gracia de Dios,
lograrán creer y vivir
como testigos del Evangelio
en el hoy de la historia.

Oh María,
ayúdales a responder a su vocación.
Guíalos al conocimiento del amor verdadero
y bendice sus afectos.
Sostenlos en el momento del sufrimiento.
Conviértelos en anunciadores intrépidos
del saludo de Cristo
el día de Pascua: ¡La paz esté con vosotros!

Juntamente con ellos,
también yo me encomiendo
una vez más a ti,
y con afecto confiado te repito:
Totus tuus ego sum!
¡Soy todo tuyo!
Y también cada uno de ellos,
conmigo, te dice:
Totus tuus!
Totus tuus!

Amén.