Este jueves 27 de agosto concluyó en el Vaticano el encuentro internacional “Respuesta basada en la fe a las drogas y al reclutamiento criminal de jóvenes: un diálogo desde América Latina y el Caribe hacia el mundo”, celebrado del 25 al 27 de agosto y organizado por el Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (CELAM), la Organización de los Estados Americanos (OEA), la Pontificia Comisión para América Latina y la Pontificia Academia para la Vida.
El Santo Padre con los participantes del encuentro las situaciones de adicción en América Latina | Fotos: Vatican Media
En la audiencia de clausura, celebrada en la Sala del Consistorio del Palacio Apostólico, el Papa León XIV pronunció en español un discurso que colocó a la familia en el centro de la respuesta ante uno de los dramas más urgentes que golpean a la juventud latinoamericana.
Un fenómeno que revela el fracaso de un mundo deshumanizado
el Pontífice describió la magnitud del problema que reunió durante tres días a representantes eclesiales, gubernamentales e internacionales de América Latina, el Caribe, Asia, África y Europa:
“Las adicciones son un fenómeno complejo que pone de manifiesto el fracaso de un mundo deshumanizado.”
Frente a un problema que “nadie puede afrontar por sí solo”, León XIV insistió en que la respuesta debe ser integral: prevención comunitaria, atención científica, justicia con rostro humano y acompañamiento pastoral cercano, orientados siempre al cuidado de la persona y a la reconstrucción del tejido comunitario.

La familia, “Iglesia doméstica” y primera prevención
Más allá de la coordinación institucional, León XIV fue categórico al señalar dónde se juega la verdadera prevención. Retomando la definición del Concilio Vaticano II de la familia como “Iglesia doméstica” —el lugar donde se cultiva, se cuida y se proyecta la vida—, el Papa lo resumió en una frase que se convirtió en el centro de su mensaje:
“No hay mejor prevención contra las drogas que una buena familia.”
El Pontífice no evadió el dolor real detrás de estas palabras: familias rotas por el consumo de drogas, la violencia, el reclutamiento criminal de un hijo, la pobreza o la falta de oportunidades que empujan a tantos jóvenes al margen del camino.
El entorno familiar afecta el desarrollo de los jóvenes y puede ser un núcleo
Una Iglesia que no pasa de largo
Citando a san Juan Pablo II y su llamado a hacer de la Iglesia “la casa y la escuela de la comunión”, y a Francisco, quien pedía “tocar la miseria humana, la carne sufriente de los demás”, León XIV planteó el núcleo de la misión de todos los presentes: que la Iglesia sea una verdadera familia, especialmente para quienes sufren.
El Santo Padre cerró su discurso con la imagen del buen samaritano, invitando a construir una Iglesia que no pase de largo ante el dolor ajeno, sino que se detenga, se acerque y se convierta en hogar para quien más lo necesita:
“Quisiera expresarles un deseo: que la Iglesia sea la familia de todas las personas que se quedaron al margen del camino.”
