En la frontera entre México y Estados Unidos, donde tantas historias de lucha y esperanza toman forma, nació Noel Díaz, reconocido hoy como El Evangelizador Católico de las Américas. Su historia comienza en una humilde vecindad de la Zona Norte de Tijuana, donde su madre, María de Jesús García (Q.D.D.G.) —madre soltera y trabajadora incansable— forjaba el futuro de su hijo entre sacrificios y determinación.
"Mamá Chuy", como cariñosamente la recordamos, no tenía ningún familiar en Tijuana; todos vivían en el sur de México cuando ella quedó embarazada. Sus amigas y algunas personas de su entorno intentaron convencerla de abortar al bebé que se formaba en su vientre, argumentando que, sin apoyo de una pareja, su vida sería aún más difícil. Sin embargo, ella nunca aceptó esa idea y se mantuvo firme, decidida a permitir que su hijo naciera. Recordemos que, aunque el aborto no se practicaba de la manera en que se presenta hoy, existían otros métodos para poner fin a la vida en el vientre.
A esos intentos de persuadirla para abortar se sumó la propuesta de una pareja —dueños de un restaurante que no podía tener hijos— quienes le ofrecieron encargarse de todos sus cuidados durante el embarazo, además de una compensación económica, a cambio de darles al niño en adopción. Aun ante esta oferta tentadora, "Mamá Chuy" permaneció firme, rechazó la propuesta y continuó luchando valientemente por salir adelante junto con su pequeño hijo.
Es por esto que, desde muy pequeño, Noel conoció el peso de la pobreza y de la vida en constante movimiento entre países (México y EE.UU.), marcado por varias deportaciones y por el trabajo callejero que realizaba para ayudar a su madre: lustrando zapatos, vendiendo chicles, limpiando autos. Aquella infancia, dura pero formativa, sembró en él una sensibilidad profunda hacia los migrantes, los pobres y los olvidados.