Carta del mes

 

 

¿A QUIÉN IREMOS? ¡SOLO TÚ TIENES PALABRAS DE VIDA ETERNA!

Vivimos momentos difíciles y complicados para toda la humanidad. No solo en tiempo de pandemia, que sin duda alguna ha traído mucho dolor en las familias. Un gran desafío que enfrentamos actualmente es el escuchar tantas opiniones de quienes aseguran tener la verdad. Esto es una estrategia de Satanás para dividir a las personas. Tristemente, nuestra Iglesia Católica también se ha venido dividiendo por escuchar diferentes puntos de vista.

Hay muchos temas que están afectando a los católicos y, sin duda, a todo el mundo cristiano: En el campo de la política, hay quienes están a favor de un partido político y otros de otro y la discusión sobre los valores depende de quién los aplica. En el tema de la vacuna, sucede igual lo que unos y otros creen saber sobre ella. Incluso en la Iglesia, hay controversia porque algunos no desean o no están de acuerdo con tomar la Hostia Sagrada en la mano, cuando el la misma Iglesia quien lo permite.

También sucede que hay quienes están a favor y quienes están en contra del Papa Francisco, incluso dentro de la propia Iglesia de Cristo, desde la máxima jerarquía o nuestros pastores, hasta nuestros propios amigos y familiares. ¡Qué dolor para nuestro pueblo y especialmente para la gente humilde y sencilla! Ellos, en ocasiones, están más fuertes en la fe y en la obediencia, pero se convierten en esos niños que ven a sus padres discutir y miran hacia un lado y otro, tratando de ver quién tiene la razón. Así, hay mucha gente que ha caído en un estado de confusión y de pérdida de fe.

Existen otros más que afirman que estamos en el tiempo de la gran tribulación y del Anticristo, que por lo tanto llega el tiempo del fin del mundo. Se habla de la marca de la bestia y temas similares. Todo esto tiene a miles de personas viviendo en temor y con gran incertidumbre. 

Sin embargo, los verdaderos creyentes en Jesús no debemos vivir con miedo. A quienes anuncian grandes catástrofes y divisiones les gusta atraer la atención para crear confusión y un temor no sano. Pidamos por esas personas que están causando tanto mal pero no dejemos que nos afecte, sino que pongamos nuestra mirada en Cristo y con Él estaremos seguros. 

Yo quiero unirme al equipo de San Pedro, quien supo manejar y responder correctamente ante los desafíos de su tiempo: En la época de Jesús también existió la división, los que habían creído en Jesús y los que hablaban mal de Él; los que lo seguían y los que dejaron de hacerlo. 

Te invito a leer el Capítulo 6 del Evangelio de San Juan, allí encontraremos un momento en que muchos que seguían a Cristo, se dividen. Específicamente cuando Él revela que es el Pan bajado del cielo, el Pan de vida. Les asegura que, quien coma su Cuerpo tendrá vida y Él lo resucitará en el último día. Esto causó un gran revuelo entre muchos y comenzaron a murmurar y a dividirse:

«Al oír esto, muchos de los que se guían a Jesús dijeron: Esta enseñanza es inadmisible. ¿Quién puede aceptarla?». (Jn 6, 60). Más adelante dice la Escritura. «Desde entonces, muchos discípulos suyos se volvieron atrás y ya no andaban con él. Jesús preguntó a los doce: ¿También ustedes quieren dejarme? Simón Pedro le respondió: Señor, ¿a quién iremos? Solo tus palabras dan vida eterna. Nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios». (Jn 6, 66-69).

Estar unido a la piedra angular

Esta debe ser nuestra respuesta ante la confusión y división. Yo respeto la opinión de cada persona, pero no acepto ideologías y no acepto teorías sin un fundamento sólido. Yo estoy a favor de la sana doctrina de la Iglesia, pues sus valores vienen del Evangelio de Cristo fundamentalmente. Profeso ser cristiano católico desde la experiencia del ENCUENTRO con Jesús vivo y resucitado. 

Estoy unido a Jesucristo quien es mi Roca, creo en sus palabras y Él eligió a Pedro para en él edificar su Iglesia: ¡Feliz tú, Simón, hijo de Jonás, porque ningún mortal te ha revelado esto, sino mi Padre que está en los cielos! Por eso te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra voy a edificar mi Iglesia, y el poder del abismo no la vencerá. (Mt. 16, 18) 

Hoy el sucesor del apóstol Pedro es el Papa Francisco. Me uno y pido por él, porque él mismo lo ha dicho desde su inicio: «RECEN POR MÍ».

Quizás alguien esperaría que les dé mi opinión sobre los temas que nos dividen, sin embargo, creo tener una mejor respuesta, para no caer en confusión y vivir con temor, sino que al contrario, para estar seguros de que seguimos en el camino correcto. En lugar de desear conocer quién tiene la razón, me enfocaré en algo mucho más IMPORTANTE que eso que nos divide: saber que Dios Padre y su Hijo están más interesados en nuestras acciones diarias de amor hacia los demás. Esto es lo que al final del juicio definirá nuestro destino eterno. No las palabrerías. A mí me preocupa más ser fiel al Señor en pensamiento y obra, lo demás no necesariamente definirá nuestra salvación.

«Les doy un mandamiento nuevo: Ámense unos a otros; como yo los he amado, así también ámense los unos a los otros.  El amor mutuo entre ustedes será el distintivo por el que todo el mundo los reconocerá como discípulos míos». (Jn 13,34-35).

Muchos de los que hablan de estos temas y exponen su posición no lo hacen con compasión y poco están haciendo en obras de misericordia. Siempre que escucho a alguien que está en contra de esto y de lo otro, trato de saber qué está haciendo esa persona por ayudar a los más necesitados, a los que realmente sufren. Por lo general solo hablan y no manifiestan amor hacia los demás. Yo lo que hago es orar por ellos y pido a Dios por los que les escuchan, para que no sean confundidos. 

Si queremos despreocuparnos más de estos temas, la mejor postura es tener una relación con Jesús más cercana, vivir los Mandamientos, recibir los Sacramentos; ser mujeres y hombres de oración y servir a nuestro prójimo; obras que muestren nuestro amor a Cristo. Les aseguro que esto es lo que más valor tiene para Dios y no debemos preocuparnos de estar escuchando diversas opiniones.

San Juan dijo: «El Amor echa fuera el temor»,  y con toda razón San Agustín afirma «Ama y después haz lo que quieras».

Dijo San Pablo: «Porque no es un espíritu de cobardía el que Dios nos otorgó, sino de fortaleza, amor y domino de nosotros mismos» (2 Tim 1, 7).  No aceptemos vivir en temor sino en amor. Si el Señor viene mañana, lo más importante es saber que estuvimos en comunión con Él. Si llega la persecución o tribulación sabremos que todo lo podemos en Cristo que nos sostiene. Hoy, como el Apóstol Pedro, yo le digo al Señor: «¿A quién podremos ir, solo Tú tienes palabras de vida eterna». En Jesús pongamos nuestra confianza y ni la muerte podrá separarnos de su amor.

Doy gracias a Dios por cada uno de ustedes que leen esta carta y agradezco también su colaboración con su semilla de amor. Estamos haciendo historia llegando cada día a más hogares con el mensaje de salvación. 

Seguimos comprando estaciones de radio, expandiendo la cadena televisiva, aquí en Estados Unidos para poder llegar a toda la comunidad hispana migrante y a nivel internacional para cubrir más ciudades en cada país, para gloria de Dios. 

En lo personal sigo siendo un voluntario muy feliz de servir al pueblo de Dios y a ustedes, pidiendo la intercesión de nuestra Madre, la Virgen María y San José para, como ellos, proteger y salvar a nuestras familias, ofreciéndolas al Padre y al Hijo.

Que Dios les bendiga y conceda su bendición siempre y en todo lugar. Amén.