Carta del mes


DIOS TE SORPRENDERÁ, SI SIEMBRAS CON FE

 

Una vez más reiniciamos el caminar en la vida ante la llegada de un nuevo año y una nueva etapa se abre, a los buenos deseos y a la esperanza de alcanzar nuestras metas. Es natural que todo ser humano, al iniciar el año, se despierte al deseo de alcanzar una vida mejor y superar la situación que le ha tocado vivir. Quisiera aprovechar esta oportunidad para hacerle humildemente unas sugerencias para que las incluya dentro de sus objetivos y le garantizo que le traerá abundantes frutos y buenos resultados e indudablemente lo seguirá haciendo en el futuro. Personalmente lo he practicado desde hace mucho tiempo y Dios ha sido generoso conmigo y con mi familia.  

El apóstol San Pablo nos revela el secreto de la buena siembra cuando nos dice: «Según aquello: A siembra mezquina cosecha mezquina, a siembra generosa cosecha generosa. Cada uno aporte lo que en conciencia se ha propuesto, no de mala gana ni a la fuerza, porque Dios ama al que da con alegría» (2 Corintios 9, 6-7).  Sembrar es un proceso, se comienza por preparar la tierra, para luego plantar la semilla elegida, la cual necesita ser cuidada, abonada y regada con el fin de obtener buenos frutos. En la escritura podemos apreciar que la promesa del Señor es dar abundancia de bendiciones que, incluso nos permiten ayudar a los demás, pero es importante considerar la cantidad que te propones sembrar para recibir.

A continuación, les voy a compartir una historia de la vida real, la cual viene a confirmarnos que es necesario sembrar con el corazón para obtener ganancias en cuanto se recogen los frutos de la cosecha y es así que Dios nos sorprende cuando menos lo esperamos. Esto es sembrar y cosechar grandes frutos:
Un día, un muchacho pobre que vendía mercadería de puerta en puerta para pagar sus estudios vio que solo le quedaba una simple moneda de diez centavos y tenía hambre.  Decidió que pediría comida en la próxima casa que encontrará. Así lo hizo y toco la puerta. Sin embargo, los nervios lo traicionaron cuando una encantadora joven le abrió la puerta. El muchacho en vez de comida, le pidió un vaso de agua.  Ella pensó que el joven tendría hambre y le dio un gran vaso de leche. Él bebió despacito y después tímidamente le preguntó: ¿Cuánto le debo? Ella le contestó: No me debes nada y continuó diciendo: Mi madre nos enseñó a no aceptar nada por una caridad. El muchacho dijo: Pues te agradezco de todo corazón. Cuando Howard Kelly salió de aquella casa no solo se sintió más recuperado físicamente, sino que también su fe en Dios y en los hombres se hizo más fuerte. Años después, esa joven mujer se enfermó gravemente. Los médicos de su pueblo estaban confundidos. Finalmente la enviaron a la ciudad más cercana, donde llamaron a un especialista para estudiar su extraña enfermedad. Llamaron al doctor Howard Kelly. Cuando el médico escucho el nombre del pueblo de donde era ella, una extraña luz ilumino sus ojos e inmediatamente, vestido con su bata de médico, fue a ver a la paciente.  Reconoció inmediatamente a aquella mujer.  El doctor Kelly se propuso hacer lo mejor para salvar aquella vida. Dedico especial atención a aquella paciente. Después de una larga lucha por la vida de la enferma, se ganó la batalla. El doctor Kelly pidió a la administración del hospital que le enviaran a él, la factura total de los gastos.  El la pago, después anoto algo y mando que le entregaran la factura a la paciente.  Ella tenía miedo de leer el documento, porque sabía que tendría el resto de su vida para pagar todos los gastos.  Finalmente, leyó la factura y algo le llamo la atención.  Decía lo siguiente: «Totalmente pagada hace muchos años con un vaso de leche:  Doctor Howard Kelly.»  Lágrimas de alegría brotaron de los ojos de aquella mujer y su corazón feliz rezo: “Gracias Dios mío, porque tu amor se manifestó en las manos y en los corazones humanos.”

Esta historia revela a todas luces los resultados de la ley de la buena siembra. Dios se manifiesta oportunamente dando los frutos de todo aquello que hemos sembrado a lo largo del terreno de nuestra vida, Él es tan misericordioso que nos da con abundancia. Los resultados de esta historia de la vida real, nos confirman que vale la pena invertir en el reino de Dios, pues la garantía está anticipada. Es por esa razón que en esta oportunidad los invito para que sean generosos y siembren en el espíritu para que cosechen salud, paz, amor, paciencia, fe y esperanza. Estas son las grandes satisfacciones que solo Dios nos da y que no se comparan con nada de lo que este mundo nos puede dar.  

Es importante que, en este nuevo año, incluyas en tus propósitos de vida el invertir tiempo para dedicárselo al Señor en la oración diaria, en el ejercicio de la vida sacramental, asistiendo al encuentro con Cristo Eucaristía no solo el día domingo, sino también durante la semana. Además, leer y meditar la Palabra de Dios diariamente y servir al Señor en tu parroquia. Tú podrás comprobar que el resultado de hacer todo esto te llevará a querer anunciarle al prójimo que Jesús es el único camino de la salvación.

Tengamos presente que el Papa Francisco nos dijo: “La evangelización es una tarea de todo el pueblo de Dios, ninguno está excluido. Ella no está reservada ni puede ser delegada a un grupo particular. Todos los bautizados están directamente involucrados en ella.”  Por lo tanto, debe de ser parte integral de nuestra vida durante todos los años de vida que nos quedan por vivir, el compromiso con la evangelización y los actos de bondad y generosidad y a cambio, obtendremos las ganancias que Dios nos ha prometido en su palabra y nos ha confirmado a través de su Hijo Jesucristo.

Jesús es el divino sembrador del mundo y Él ya sembró con su vida la buena semilla, de tal manera que para que dé fruto, es necesario escuchar y atender su voz y veremos una cosecha abundante en nuestras vidas y también en la de todos aquellos que viven alrededor muestro. Recordemos que Jesucristo pocas horas antes de su pasión, dijo a sus discípulos: “No me eligieron ustedes a mí; yo los elegí a ustedes y los destiné para que vayan y den fruto, un fruto que permanezca; así, lo que pidan al Padre en mi nombre Él se los concederá.”  (Juan 15, 16). Amén. Benditos sean todos los escogidos del Señor.

Aprovecho la oportunidad para agradecerles a ustedes que reciben esta carta por su fidelidad, bondad y generosidad, pues son parte de nuestra familia. Y en esa comunión amorosa, me siento en la necesidad de pedirles dos grandes favores: El primero, es que le pidan a Dios por nuestro apostolado con el objeto de que nos permita seguir con la firme misión de llevar a Cristo a todos aquellos que necesitan de su amor infinito, en medio de esta pandemia, pero especialmente a quienes todavía no lo conocen. El segundo, que, en la medida de sus posibilidades, siga sembrando su semilla mensual, pues su ofrenda es la que hace posible que sigamos llegando con el mensaje del Señor a tantos hogares en todo el mundo, a través de los medios de comunicación. Adjunto encontrará un formulario para que pueda registrarse y dar su ofrenda mensual automáticamente, este sistema es seguro y confiable. Gracias anticipadas por su atención a la presente y recuerde que, si siembra con alegría, cosechará en abundancia las bendiciones que Dios promete. Juntos sembramos y juntos cosechamos

Pedimos por las familias que han vivido el dolor de haber visto partir a sus seres queridos en esta etapa de pandemia y animo a que nos sigamos cuidando. Ruego a Dios por los enfermos y los más necesitados en estos tiempos difíciles llenos de retos, pero con fe y esperanza saldremos adelante.

Pido a Dios por todos ustedes para que el Señor derrame abundantes bendiciones en salud, paz, amor, generosidad, humildad, misericordia, fe y esperanza, durante todos los días de su vida. ¡FELIZ AÑO NUEVO 2022!!

Atentamente en el Señor Jesucristo y en el amor de Santa María de Guadalupe, su siempre servidor y amigo.

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