QUIEN CREE QUE CRISTO MURIÓ, CREE EN SU RESURRECCIÓN

 

La vida cristiana no tiene sentido si alguien no cree en el motivo por el cual Jesús murió en la cruz. Se escuchan muchas expresiones como: “Cristo es mi Salvador”, “Cristo murió por nosotros”, etc. Pero la pregunta es, ¿lo creemos realmente? ¿Entendemos qué significa esto?

San Pablo fue un gran apóstol que, al principio, no creía en Jesús. Sin embargo, cuando tuvo su encuentro con Él, su vida se transformó por completo. Desde ese momento, se convirtió en un hombre que transmitió su fe a miles de gentiles, personas que no eran judíos. Pablo era un gran maestro de la ley, pero cuando comprendió por qué murió Jesús y por qué resucitó, tomó la decisión de entregar su propia vida por amor a Cristo y a sus hermanos.

En la Primera Carta a los Corintios, San Pablo revela algo sumamente poderoso. En este pasaje encontramos el tesoro que contiene la verdad de la Palabra: “Ante todo, les he transmitido lo que yo mismo había recibido: que Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras, que fue sepultado y resucitó al tercer día según las Escrituras.” (1 Cor 15, 3-4)

Aquí, Pablo nos describe la importancia de lo que anuncian las Sagradas Escrituras. Incluso en los primeros tiempos de las comunidades cristianas, ya había quienes dudaban sobre la resurrección. Ante esto, San Pablo les exhorta con total claridad: “Ahora bien, si se proclama que Cristo resucitó de entre los muertos, ¿cómo algunos de ustedes dicen que no hay resurrección de los muertos? Si no hay resurrección de los muertos, tampoco Cristo ha resucitado; y si Cristo no ha resucitado, es vana nuestra proclamación, es vana nuestra fe. Y nosotros resultamos ser testigos falsos de Dios, porque testimoniamos contra Dios diciendo que resucitó a Cristo, siendo así que no lo resucitó, si es que los muertos no resucitan. Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo ha resucitado. Y si Cristo no ha resucitado, la fe de ustedes es ilusoria, y sus pecados no han sido perdonados, y los que murieron como cristianos perecieron para siempre. Si hemos puesto nuestra esperanza en Cristo sólo para esta vida, somos los hombres más dignos de compasión.
Ahora bien, Cristo ha resucitado de entre los muertos y resucitó como el primer fruto ofrecido a Dios, el primero de los que han muerto. Porque, si por un hombre vino la muerte, por un hombre viene la resurrección de los muertos.” (1 Cor 15, 12-21)

En este texto, vemos que algunos no creían en la resurrección de los muertos. Pero también nos revela que, sin resurrección, nuestra fe sería vana. Para mí, estas palabras confirmaron la razón por la que Jesús vino al mundo y cumplió su misión. Jesús aceptó sacrificar su vida por amor a los pecadores, para que fueran perdonados por su sangre derramada. En el Antiguo Testamento, se ofrecían sacrificios de animales para pedir perdón a Dios. Estos animales eran las víctimas, porque quienes realmente merecían la muerte eran los pecadores. Pero esto se hacía así porque formaba parte de los ritos de la ley.

Cuando Jesús se encuentra con Juan el Bautista, este exclama: “Ahí está el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.” (Jn 1, 29b). Desde ese momento, se anuncia que Él sería la ofrenda a ofrecerse a Dios para el perdón de nuestros pecados. Ya no sería un animal el sacrificio, sino el mismo Hijo de Dios, el Cordero Divino. Por eso, su muerte es el acto supremo de amor y misericordia de Dios, quien nos abre las puertas del cielo, siempre que haya arrepentimiento. En estas verdades encontramos el tesoro que San Pablo nos describe.

La resurrección de Jesús es lo más grande, porque Dios muestra a la humanidad que la muerte no es el fin del ser humano, sino un paso hacia otra vida. Al final, llegaremos a uno de dos lugares: el cielo o el infierno. La Sagrada Escritura nos dice: “Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que quien crea en Él no muera, sino tenga vida eterna.” (Jn 3, 16) Aquí está la razón por la que vino Jesús: para que usted y yo no caigamos en el pecado y terminemos en el infierno, sino que, al contrario, resucitemos como Cristo y vivamos con Él para siempre.

La resurrección de Jesús fue lo más grande, incluso para los apóstoles, quienes quedaron sorprendidos cuando venció la muerte. Una vez que lo comprendieron, entregaron sus vidas por completo a la misión. San Pablo nunca tuvo miedo de morir, porque sabía que la muerte no era el final. Así terminó su vida terrenal, pero alcanzó el cielo por su fe y su amor a Jesús.

Por eso, como católicos, debemos conocer y creer en las Sagradas Escrituras para comprender la muerte y resurrección de Jesús. San Pablo es el único que menciona que, después de resucitar, Jesús fue visto por más de 500 personas. No solo lo vieron los apóstoles, sino muchos más, lo que es una prueba clara de que Él venció la muerte. San Pedro nos dice: “No olviden que han sido liberados de la vida inútil que llevaban antes, imitando a sus padres, no con algún rescate material de oro y plata, sino con la preciosa sangre de Cristo, Cordero sin mancha ni defecto.” (1 Pe 1, 18-19) Quienes entienden esto viven con profundidad la Semana Santa y la gran celebración del Día de Pascua: la triunfante Resurrección de Cristo, nuestro Señor y Salvador.

Antes de morir, Jesús dijo: “Yo soy la resurrección y la vida. Quien cree en mí, aunque muera, vivirá.” (Jn 11, 25) Por esta razón, he dedicado mi vida a proclamar la Buena Noticia, para que ninguna alma se pierda y todas se salven. Esta es la misión de ESNE y la razón por la que estamos aquí.

Este mes celebramos el 41° aniversario de ESNE El Sembrador. Estamos profundamente agradecidos con Dios por todo lo que hemos recibido a través de nuestros sacerdotes y de cada una de las personas que, como ustedes, han confiado en este ministerio a lo largo de los años y lo ven como una obra de Dios. Gracias por su apoyo.

Les invito a consagrarse a Jesucristo a través del Proyecto Yo Soy el 73, una experiencia única de 33 días para conocer a Jesús por medio de las Sagradas Escrituras. Para más información, comuníquese en EE.UU. al: +1 818 745 4398 y en México: +52 33 1487 6681. Por Correo electrónico: info@soy73.com y uno de nuestros hermanos le atenderá y le guiará en este camino de discipulado.

Encomiendo a cada uno de ustedes y a sus seres queridos al cuidado maternal de María Santísima, y pido a su Hijo Jesucristo que siempre nos sostenga en su gracia para alcanzar la corona de la salvación.

Su amigo,
Noel Díaz

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