Carta del mes

Dicen que una imagen vale más que mil palabras y yo estoy de acuerdo con ello. Para confirmar tal afirmación los invito a que se tomen un poco de tiempo para observar los detalles y gestos de los personajes que se encuentran en la foto que está al pie de esta carta.


 

La primera vez que vi esta imagen me llamó mucho la atención, pues imaginé que la mirada expresiva de la niña podría ser la nuestra, dirigida hacia nuestro Padre celestial.

Si somos observadores y vemos con detalle esa mirada, unida a su expresión ¿qué nos transmite? En lo personal yo observo: felicidad, expectativa, seguridad, firmeza, confianza, fe, esperanza. Y así, es posible que cada uno pueda hacer su propia lista de todo aquello que pueda descubrir en la expresión de los grandes ojos que miran fíjamente a su padre. Otra observación adicional de mi parte es que la niña tiene su mano izquierda debajo del brazo de su papá y, al mismo tiempo, se apoya en su mano. Ella, con toda su expresión, se ve plena pues se muestra muy segura y confiada al lado de su padre y sabe que nada le puede pasar al sentirse sostenida con su brazo fuerte.

Fijar la mirada con fe en Jesús

En la Carta a los Hebreos, el autor hace una narración detallada, a partir del capítulo 11, de la fe heróica de varios personajes que dejaron un valioso testimonio de fidelidad y que salieron victoriosos al final de su camino. Es todo un elenco de hombres y mujeres que mostraron lo que es tener confianza en Dios en medio de las pruebas más difíciles de la vida y de cómo esa misma fe y confianza los condujo a levantarse y elevarse por encima de sus temores, para luego ver el favor de Dios derramado en sus vidas.

Así pues, al principio de capítulo 12 de Hebreos, se nos anima a hacer lo mismo que ellos, ya que esos testigos nos dejaron como legado su ejemplo; fueron capaces de ofrendarse y murieron con la esperanza de ver al Mesías, aunque en vida no lo conocieron, ni alcanzaron a escuchar de viva voz sus mensajes. Nosotros, en cambio, le hemos escuchado, leído y conocido por su divina gracia.

En este libro sagrado se nos recomienda claramente: «Fijemos nuestra mirada en Jesús, pues de él procede nuestra fe y él es quien la perfecciona». (Hebreos 12,2). Dicha expresión nos enseña que para emprender el camino o la carrera de nuestra vida personal, nunca debemos apartar nuestra mirada de Dios Padre y de su Hijo y Salvador nuestro, Jesucristo.

Fijar nuestra mirada es equivalente a decir: «No debes distraerte». Y es que hoy día tenemos m uchas formas de distracción con todo lo que ofrecen los avances tecnológicos y toda la información que contienen, comenzando con el aparato telefónico portátil, el cual está al alcance de todas las personas y que ya forma parte de nuestras vidas. Lo mismo sucede con las tabletas digitales. Estos aparatos nos atraen fácilmente y de manera sencilla nos hacen caer en la tentación, por lo consiguiente nos hacen perder la visión de las cosas más importantes de la vida.

Recordemos lo que sucedió al apóstol Pedro en aquella ocasión en que navegando en el mar de Galilea, al igual que los otros discípulos, alcanza a ver a Jesús quien, en medio del agitado mar, se dirigía caminando hacia ellos. El apóstol le dijo entonces: «Señor, si eres tú, manda que yo vaya caminando hacia ti»; y Jesús le respondió: «Ven». De inmediato Pedro bajó de la barca para emprender su camino hacia Él, (Mateo 14:29), pero en el instante en que apartó su mirada del Señor y observó lo que había a su alrededor tuvo miedo y cayó en las aguas turbulentas y profundas del mar, hasta que Jesús fue a rescatarlo. Eso mismo nos pasa a nosotros cuando nos distraemos con las cosas temporales, poniendo tristemente en riesgo nuestra salvación eterna.

También sucede a todas aquellas personas que pierden el control de sus vidas y centralizan su atención en las preocupaciones, perdiendo el enfoque en Aquel que tiene el poder para ayudarles a resolver todos los problemas de su vida, el Señor Todopoderoso.

Confiar en nuestro amoroso Padre

Volvamos de nuevo nuestra atención a la fotografía y observemos con detenimiento al padre de la niña quien, a mi juicio, refleja la misma actitud de nuestro Padre celestial. El padre la mira fíjamente y con una atención especial, como si no existiera nadie más en el mundo que ella. Es una mirada tierna y llena de amor para su hija.

Me atrevo a hacer esta linda comparación de una imagen humana con la actitud de Dios hacia nosotros, pensando en que gráficamente podemos darnos una idea de cómo es que nos ve nuestro Padre del cielo, quien es todo amor, pues no hay nada que pueda superar ese amor hacia sus hijos. Nos dice la Escritura en Hebreos 12,2: «Jesús soportó la cruz sin hacer caso de lo vergonzoso de esa muerte, porque sabía que después del sufrimiento tendría gozo y alegría, y se sentó a la derecha del trono de Dios». De la misma manera, no hay nada que nosotros no podamos soportar sabiendo que estamos bajo la mirada permanente del Padre; que obtendremos de Él nuestra propia salvación y un día tendremos el premio de verlo frente a frente.

Recordemos mis queridos amigos, que febrero es el mes que comercialmente es llamado “Mes del Amor”. Muchos se dejan llevar por esta mercadotécnia, sin embargo, yo te invito a experimentar el amor real, el amor del Padre cada día y a mantener tu mirada fija en Jesucristo. Como resultado verás que Dios te sostiene con su brazo fuerte y no permitirá que el enemigo te arrebate de su lado; además comprobarás que todo te irá mejor pues, al reconocerte como hijo, obtendrás tu premio de vida. Además, debemos robustecer diariamente nuestra relación con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo y mantener una estrecha cercanía con María Santísima, nuestra Madre del cielo.

De la misma manera, te recomiendo meditar profundamente en las virtudes teologales de fe, esperanza y amor, pues al provenir de Dios, son un regalo desde nuestro bautismo y nos ayudarán a no apartar nuestra mirada de Él. La práctica de estas virtudes con el ejercicio constante de la vida sacramental nos mantendrán cercanos a Nuestro Señor.

“Mujer, tu grandeza viene de Dios”

Para concluir, quiero aprovechar la oportunidad de dirigirme a la mujer, persona abnegada de nuestras vidas y quienes tendrán oportunidad de leer esta carta. Mujer, esa niña que ves en la fotografía eres tú. Tú sigues siendo esa dulce niña llena de ilusiones y con firmes deseos de vivir segura y feliz.

Quiero pedirte que centralices tu mirada en el Señor y desde ahora te recuerdo que estás invitada para que, en unas semanas, no dejes pasar la oportunidad de encontrarte personalmente con quien te mira firme, dulce y tiérnamente, con el amor del  Padre del cielo quien, junto al Hijo y al Espíritu Santo, te esperan para tomarte de la mano y sostenerte con su brazo fuerte. Dios solo desea llenarte de su amor misericordioso. Recuerda que puedes experimentar ese amor al participar de nuestro Encuentro: METANOIA DE MUJERES programado para el 24 y 25 de febrero en el Centro de Convenciones de Los Ángeles. Toda la información la encontrarás adjunta. Ven, ¡Cristo te espera!

Iniciamos el año con un ¡Gracias!

Una vez más, aprovecho para agradecer de manera especial a todos ustedes, a cada uno de los que ya ha comenzado este nuevo año sembrando su semilla. Recuerden que su ofrenda es de suma importancia para que juntos continuemos siendo instrumentos de Dios y ayudemos a cambiar y transformar el mundo. Especialmente agradezco a quienes pudieron aumentar su ofrenda de acuerdo a sus posibilidades; pueden estar seguros que será de gran auxilio para sufragar los aumentos de costos y gastos requeridos para sostener nuestra misión evangelizadora de proclamar a Jesucristo en todo el mundo.  

Ruego a Dios fervientemente todos los días para que, con su divina gracia, supla todas sus necesidades, les colme de bendiciones junto a sus familias y derrame su paz en sus hogares y trabajos.

 

Les agradezco la atención a la presente y, con el favor del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, junto con la intercesión de nuestra Madre del cielo, la Santísima Virgen María, ejemplo de fe, ruego por su fidelidad y su constancia en el Señor. Amén.

 

Noel Díaz

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