JESÚS DESPUÉS DE SU RESURRECCIÓN SE MANTUVO 40 DÍAS CON SUS SEGUIDORES
Le invito a darse unos minutos muy importantes para leer esta reflexión que puede darle un mayor sentido a lo que fue la Semana Santa y lo que sucedió después.
Luego del domingo de la Resurrección, en el segundo domingo de Pascua, se celebra la Fiesta de la Misericordia (Diario 299). A Sor Faustina le dijo Jesús: “Deseo que el primer domingo después de la Resurrección, sea la Fiesta de la Misericordia, refugio y amparo para todas las almas, especialmente para las de los pobres pecadores. Ese día están abiertas las entrañas de Mi misericordia. Derramo todo un mar de gracias sobre las almas que se acercan al manantial de Mi misericordia. El alma que se confiese y reciba la Santa comunión obtendrá el perdón total de las culpas y de las penas. En ese día están abiertas todas las compuertas divinas a través de las cuales fluyen las gracias” (Diario 699). Se nos invita a tener una buena confesión y así recibir la gracia y Misericordia divina de Dios.
Después que Jesús venció la muerte, decidió no solo aparecerse a unos cuantos discípulos, sino a muchos más de sus seguidores. No solo una vez, sino que se mantuvo vivo entre ellos por 40 días y en ese último día asciende al cielo, que es el día de la Ascensión. Antes de su partida al cielo les dijo a los apóstoles que se quedaran en Jerusalén hasta que llegara la promesa del Padre: Mientras comía con ellos, les encargó que no se alejaran de Jerusalén, sino que esperaran lo prometido por el Padre: la promesa que yo les he anunciado –les dijo–: que Juan bautizó con agua, pero ustedes serán bautizados dentro de poco con Espíritu Santo. (Hechos 1, 4-5) Y a los 10 días llegó el Espíritu Santo y allí fue el nacimiento de nuestra Iglesia, allí celebramos el día de Pentecostés.
La palabra “Pentecostés” proviene del griego “Pentēkostē”, que significa “quincuagésimo”. Se refiere a la festividad que se celebra cincuenta días después de la Pascua. En el contexto de las tradiciones judías, en un origen, Pentecostés (Shavuot en hebreo) era una festividad que celebraba la cosecha y la entrega de la Torá en el monte Sinaí. Para los católicos, Pentecostés conmemora el descenso del Espíritu Santo sobre los apóstoles, como se narra en el Libro de los Hechos de los Apóstoles: Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos reunidos. De repente vino del cielo un ruido, como de viento huracanado, que llenó toda la casa donde se alojaban. Aparecieron lenguas como de fuego, que descendieron por separado sobre cada uno de ellos. Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en lenguas extranjeras, según el Espíritu les permitía expresarse. Residían entonces en Jerusalén judíos piadosos, venidos de todos los países del mundo. Al oírse el ruido, se reunió una multitud, y estaban asombrados porque cada uno oía a los apóstoles hablando en su propio idioma. (Hechos 2, 1-6)
Este evento es considerado el nacimiento de la Iglesia. Se convierte ahora en un momento de renovación y fortalecimiento de la fe, donde los fieles somos llamados a abrir la acción del Espíritu Santo en nuestras vidas. La festividad también está asociada con el fuego y el viento, simbolizando la presencia viva y activa del Espíritu Santo. Con todo esto, mi mensaje para usted es que vivamos la fe, porque en este acontecimiento de Pentecostés Jesús nuestro Señor está probando que todo lo que enseñó y prometió sucedería.
En San Juan nuestro Señor nos dice: Si ustedes piden algo en mi nombre, yo lo haré. Si me aman, cumplirán mis mandamientos; y yo pediré al Padre que les envíe otro Defensor que esté siempre con ustedes: el Espíritu de la verdad, que el mundo no puede recibir, porque no lo ve ni lo conoce. Ustedes lo conocen, porque él permanece con ustedes y estará en ustedes. No los dejo huérfanos, volveré a visitarlos. Dentro de poco el mundo ya no me verá; ustedes, en cambio, me verán, porque yo vivo y ustedes vivirán. Aquel día comprenderán que yo estoy en el Padre y ustedes en mí y yo en ustedes. Quien recibe y cumple mis mandamientos, ése sí que me ama. Y el que me ama será amado por mi Padre, y yo lo amaré y me manifestaré a él. (Jn 14, 14-21)
Estas lecturas siempre me han conmovido mucho, porque Jesús, ante la cercanía de su muerte en la cruz y aunque ya se estaba despidiendo, les prometió a sus discípulos que ellos no se quedarían solos como huérfanos. Aquí muestra su presencia de Él entre ellos, por medio del Espíritu Santo. Además, estas lecturas siempre me han conmovido demasiado, porque aquí Jesús habla de unos que no verán su presencia por no creer en Él por no querer ser seguidores de sus promesas y eso me duele porque se están perdiendo lo mejor de la vida y lo más triste es que si no abren su corazón a Jesús pueden perderse para siempre después de la muerte física; sin embargo, quienes creemos en Él y vivimos el Evangelio, estamos viviendo con mucha abundancia de vida, además de tener la fe y la esperanza de ser resucitados y obtener la vida eterna porque así Jesús lo probó: que la muerte no es un fin, sino es llegar como a un salón de juicio para que se determine a qué lugar se tendrá que pasar toda la vida eterna: Cielo o tormento. ¡Viva Cristo Rey!, decían los Cristeros porque aceptaban el fusilamiento y gritaban esas palabras ¡Viva Cristo Rey! que para ellos significaban: si muero, seré resucitado por mi Rey y Salvador.
Para concluir esta reflexión quiero que recordemos antes de la Ascensión de Jesús unas de sus últimas palabras: Estando ya reunidos, le preguntaban: —Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar la soberanía de Israel? Él les contestó: —No les toca a ustedes saber los tiempos y circunstancias que el Padre ha fijado con su propia autoridad. Pero recibirán la fuerza del Espíritu Santo que vendrá sobre ustedes, y serán testigos míos en Jerusalén, Judea y Samaría y hasta el confín del mundo. Dicho esto, los apóstoles lo vieron elevarse, y una nube lo ocultó de la vista. (Hechos 1, 6-9) Quien recibe el Espíritu Santo recibirá poder para dar testimonio, lo que significa que el verdadero cristiano católico o no católico sino da de su tiempo para dar testimonio, que es servir en la iglesia, llevar la Buena Noticia, ayudar a los más pobres de entre los pobres que son quienes no conocen al Salvador y Señor, entonces no somos de Cristo; pero si le somos agradecidos por salvarnos del fuego del infierno y darnos la vida eterna, entonces le serviremos como ¡¡Discípulos Yo soy el 73!! ¡¡Envíame Señor a mí, aquí estoy!!
Les invito a vivir el próximo Metanoia de Los Ángeles donde se manifestará el Poder del Espíritu Santo. Cada uno de los invitados tiene una unción maravillosa. Por primera vez estará con nosotros en Los Ángeles el Dr. Castañón, que era un no creyente, pero cuando lo buscaron para estudiar casos de milagros eucarísticos, encontró el regalo de la conversión al descubrir que Jesús está vivo en la Eucaristía. No se pierdan este Metanoia. ¡¡Esto es mucho mejor que un partido del fútbol mundial en estos próximos días!!
¡Felicito a todas las Madres tan lindas por su “sí” al recibir a sus hijos y darles todo lo que se les puede dar! Espero verlas a quienes puedan asistir al próximo desayuno organizado especialmente para ustedes, pero donde quiera que vayan a estar les pido a los hijos que nunca olvidemos a nuestras madres, tanto las que están aquí, como las que ya se nos adelantaron y están en la paz del Cielo. ¡Felicidades, madres, y que mi Señor les bendiga y nuestra Santa Madre María les cubra con su manto, amén!
Este próximo 26 de mayo están invitados a vivir su consagración a Jesucristo a través del proyecto Yo Soy el 73; para quienes no han tenido la oportunidad de hacerlo, solo tienen que descargar la app ESNE73, registrarse y elegir esta fecha. Si necesita mayor orientación, comuníquese en EE. UU. al (818) 745-4398 y (773) 777-7773; en México al +52 (33) 1487-6681. También puede escribir al correo electrónico: info@yosoyel73.com, y uno de nuestros colaboradores le atenderá y guiará en este camino de discipulado.
Agradezco a todos ustedes que siguen aportando tan fielmente su semilla mensual para que esta obra que es de Dios para el servicio de todos ustedes y la salvación de nuestras almas, para que ninguno nos perdamos, siga llegando a más corazones necesitados de la misericordia y el perdón de Dios. Les sigo encomendando a nuestra Madre Santísima de Guadalupe para que nunca nos falte el divino consuelo de su Hijo Amado Jesucristo, a Quien proclamamos como nuestro ¡Rey y Señor!
Su amigo y servidor
Noel Díaz

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