¿Cómo discernir lo que viene de Dios de lo que viene del mundo?

¿Cómo discernir lo que viene de Dios de lo que viene del mundo?

 

¿Te cuesta trabajo dominar a “la loca de la casa”? Santa Teresa de Ávila llegó a llamar así a la imaginación que poseemos los seres humanos. Desde el programa de Actualidad y Fe, Andrés González comparte consejos para discernir lo que viene de Dios y lo que es más bien inspiración mundana.

 

Muchas veces, en nuestro afán de tener y sentir perfección en nuestra vida, proyectos, decisiones, familia, en lugar de ponernos en acción, damos pie a solo “soñar”; y no nos detenemos, llegando a tener, ocasionalmente, una realidad alternativa cuando nuestra vida concreta parece un caos.

No está mal soñar, imaginar el futuro que queremos. De hecho, de allí surgen las mejores ideas y proyectos. Pero debemos siempre aplicar esto con el don del discernimiento que, sin duda, debemos pedir al Espíritu Santo, para que aquello, no se vuelva una situación irrealizable y vanidosa, sino un acto concreto que viene de Dios.

 

Pon atención a las inspiraciones divinas

Debemos poner atención a las “inspiraciones interiores”, es decir, todos aquellos pensamientos, sentimientos y llamados a actuar que podemos tener en ciertos momentos, nos recomienda San Francisco de Sales, gran maestro de la fe sencilla, quien ha dejado recomendaciones muy prácticas para vivir la vida cristiana.

Por ejemplo cuando tenemos sentimientos de contrición. Cuando sientes dolor de haber actuado mal contra los demás: el haber sido muy duro con tus hijos, contestar mal a tu pareja, siendo egoísta en familia o trabajo. Es seguramente un llamado de Dios para confesar aquello, y hacer una reparación de aquel mal acto.

En ocasiones se tratará de perdonar también algo que hayan hecho contra nosotros; será un llamado a no cargar con esa situación. Dios nos quiere felices, no encadenados a la tristeza y amargura.

 

4 ejercicios para discernir lo que viene de Dios:

El mismo San Francisco de Sales, nos regala 4 formas o ejercicios de discernimiento para que sepamos identificar esas inspiraciones divinas de las que no lo son. Y es que, muchas veces, estamos tan distraídos con lo material, las necesidades inmediatas, que solemos dar prioridad o confundir la voz de Dios con lo que no lo es.

  1. Frenar los pensamientos tóxicos. Rechazar los pensamientos que no edifican: amargura, tristeza, añoranza, ira, celos, venganza; simplemente diles ¡no! Te quitarán la paz y amargarán tu día y, poco a poco, toda tu existencia. No dejes que el pensamiento llegue al corazón y se transforme en sentimiento, porque es un veneno para tu alma y hasta para tu salud.
  2. No los combatas, no les respondas a estos pensamientos, no les des cabida siquiera. Practicar la oración de corazón. Dios nos quiere adoradores. No hay nada mejor para discernir aquellos pensamientos, que orar. Si pretendes resolver alguna situación que te aqueja y te vienen pensamientos tóxicos, orar será la clave para discernir.
  3. Conservemos siempre la fe. ¡Ten confianza! Dios está contigo, tienes que creer que Él solo quiere lo mejor para ti.
  4. Cuidado con el perfeccionismo. San Ignacio de Loyola le llama ser escrupuloso y esto no genera paz. Al contrario, nos volvemos insensibles con la persona de al lado y con nosotros mismos; no soportamos las caídas, tropiezos o errores y caemos en un pecado mayor: La falta de sensibilidad. Un alma que todo ve mal, no vive en paz.

 

Una clave de regalo

Un ejercicio muy general y muy sencillo para saber si algo viene de Dios o es inspiración del Espíritu Santo, es la paz. Si aquello que piensas, que imaginas o deseas te ocasiona felicidad, paz, estabilidad emocional, seguramente será ese el camino.

Cuando no es de Dios, nos provoca incertidumbre, miedo, agitación interna, ansiedad, preocupación. Nunca tomes decisiones cuando sean estos tus sentimientos o pensamientos.

Y recuerda, lo que viene de tu mente y le das cabida en tu corazón, se transformará en tu vida y acciones. Entonces, pide siempre la ayuda del Espíritu Santo para discernir y aplacar tu mente, para que en tu corazón siempre haya paz, y la puedas manifestar en tu vida, en tu familia y en tu comunidad.