A 25 años del suceso que cambió la historia Estados Unidos, la misma respuesta de la Iglesia: la paz es posible

Este viernes 11 de septiembre se cumplen 25 años de los atentados que sacudieron a Estados Unidos y conmocionaron al mundo entero. Desde entonces, la iglesia ha vuelto una y otra vez sobre una convicción de fe: ni el mal ni la muerte tienen la última palabra.
Juan Pablo II: silencio y oración en medio de las dudas.
El mismo 11 de septiembre de 2001, Juan Pablo II se encontraba en Castel Gandolfo cuando recibió la noticia. Se recogió de inmediato en oración en la capilla del Palacio Apostólico y envió un telegrama de condolencias al entonces presidente George W. Bush, hablando de un “horror indescriptible” y de un momento “oscuro y trágico” para la humanidad.
Al día siguiente, por deseo expreso del Papa, la audiencia general en la Plaza de San Pedro se celebró sin aplausos, en silencio. Ahí formuló la pregunta que habitaba el corazón de todos:
“¿Cómo pueden verificarse episodios de una crueldad tan salvaje?”

Su respuesta apuntaba directamente a Cristo, fundamento de una esperanza capaz de sostenerse incluso frente a la crueldad más extrema. Un año después, en la audiencia general de 2002, sería aún más categórico sobre el camino a seguir:
“Únicamente la razón y el amor son medios válidos para superar y resolver los conflictos entre las personas y los pueblos.”
Benedicto XVI: Una oración que recordó la memoria de las víctimas en la Zona Cero
En 2008, durante su viaje apostólico a Estados Unidos, Benedicto XVI visitó personalmente la Zona Cero. Ante el vacío que habían dejado las Torres Gemelas, encendió una vela en memoria de las víctimas y se arrodilló a orar, pidiendo a Dios sabiduría y coraje “para trabajar incansablemente por un mundo en el que la verdadera paz y el amor reinen entre las naciones”. Años más tarde, en el décimo aniversario, insistiría en que ninguna causa —ni siquiera invocada en nombre de Dios— puede justificar jamás un acto de terrorismo.

Francisco: el agua que recuerda a los que ya no están
En 2015, el Papa Francisco visitó el memorial construido sobre los cimientos de las Torres Gemelas, donde están grabados los nombres de las 2.974 víctimas de 90 países distintos. Ante el dolor “que grita al cielo”, ofreció una certeza que resume buena parte de su magisterio:
“La vida siempre está destinada a triunfar sobre los profetas de la destrucción, sobre la muerte.”
Seis años después, en el Foro Interreligioso del G20, mantendría la petición de mantener un compromiso activo con la paz: “¡Nunca más la guerra, nunca más contra los demás, nunca más sin los demás!”.
León XIV, hoy: la paz como presencia y como camino
En este 25º aniversario, el Santo Padre, ha ofrecido una reflexión que recoge y actualiza el legado de sus predecesores:
“Antes de ser una meta, la paz es una presencia y un camino.”
Frente a un mismo conflicto, la iglesia nos recuerda que la paz no es solo algo que se alcanza al final, sino algo que se construye y se atestigua cada día.
Ni la venganza ni el odio construyen nada duradero. Solo el amor, la reconciliación y una esperanza anclada en Cristo pueden transformar el dolor en un camino real hacia la paz.

