León XIV a los nuevos obispos auxiliares de Roma: «Sed hombres de paz y unidad»

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Este sábado 2 de mayo, el Sucesor de Pedro ordenó a cuatro nuevos obispos auxiliares de la diócesis de Roma en la basílica de San Juan de Letrán. Durante la misa celebrada con este motivo, los invitó a ser “testigos de Cristo, que no vino para ser servido, sino para servir”. “No os complacéis en los privilegios que vuestra condición podría ofreceros, no sigáis la lógica mundana de los primeros puestos”, aconsejó el Papa.
 
ESNE/Vatican News
 

La celebración, marcada por la invocación al Espíritu Santo y por la participación orante del Pueblo de Dios, expresó la comunión de la Iglesia en torno a su obispo. En ese contexto, los nuevos prelados fueron llamados a colaborar estrechamente con el ministerio del Sucesor de Pedro en el servicio pastoral de la Iglesia que vive en Roma, signo de unidad y caridad para toda la Iglesia universal.

Cristo, piedra rechazada que revela el rostro del Padre

En su homilía, tras la proclamación del Evangelio según san Juan y la liturgia de ordenación, el Santo Padre situó el acontecimiento en el corazón del misterio pascual, recordando que la Iglesia nace de la unión viva con Cristo y que es precisamente en esa comunión donde encuentra su consistencia más profunda.

“Al unirnos a Cristo, nos convertimos en una casa sólida y acogedora”, afirmó, subrayando que esta imagen no describe solo una realidad espiritual abstracta, sino un proceso concreto en el que los creyentes son incorporados como “piedras vivas” al edificio del Pueblo de Dios. En esta perspectiva, destacó de manera particular la vocación de la Iglesia de Roma, llamada a vivir la universalidad y la caridad en virtud de su vínculo con los Apóstoles Pedro y Pablo.

El Pontífice retomó también las palabras de Jesús en el Evangelio proclamado en la liturgia para subrayar la unidad entre el Padre y el Hijo, recordando que en Cristo se revela plenamente el rostro de Dios: “Quien me ha visto a mí ha visto al Padre”. A partir de esta afirmación, invitó a la Iglesia a reconocer que su misión no puede separarse de esta lógica de revelación y cercanía, especialmente en una ciudad como Roma, donde conviven riqueza, fragilidad y múltiples formas de exclusión.

“Los animo a salir al encuentro de las piedras descartadas de esta ciudad y a anunciarles que, en Cristo, nuestra piedra angular, nadie está excluido de convertirse en parte activa del edificio santo que es la Iglesia y de la fraternidad entre los seres humanos. En esta imagen resuena el llamado de la Exhortación apostólica Evangelii gaudium del Papa Francisco: ser una Iglesia “hospital de campaña”, ser pastores en salida, tener en el corazón las periferias materiales y existenciales. Como presbíteros, ustedes han acogido esta invitación junto con las comunidades parroquiales que han acompañado. Ahora llega una nueva llamada, una vocación ulterior, que tiene siempre el mismo corazón: nadie, absolutamente nadie, debe pensarse descartado por Dios, y ustedes serán heraldos de esta hermosa noticia que está en el centro del Evangelio.”

En la parte final de la homilía, el Pontífice subrayó también la dimensión maternal de la Iglesia, especialmente visible en una ciudad que acoge peregrinos de todo el mundo. Invitó a que los pobres, los visitantes y todos aquellos que llegan a Roma puedan experimentar en la vida eclesial un rostro de acogida y ternura que refleje la maternidad de la Iglesia. Asimismo, confió el ministerio de los nuevos obispos a la intercesión de la Virgen María, Salus Populi Romani, pidiendo su protección para la diócesis de Roma y para toda la Iglesia.