En el segundo día de su Viaje Apostólico en Argelia, el Papa León XIV se trasladó a Annaba, la antigua Hipona, en una jornada marcada por la memoria, la caridad y el testimonio cristiano. Más que parte de la agenda, fue una peregrinación al corazón de sus propias raíces espirituales.
ESNE
La jornada comenzó en la zona arqueológica de Hipona, donde vivió y predicó San Agustín.
Ahí, el Papa no solo recorrió las ruinas: oró en silencio, contempló los restos de la antigua sede episcopal y participó en gestos cargados de simbolismo, como la plantación de un olivo, signo de paz.
Este momento tuvo un fuerte tono personal. León XIV, agustino, se presentó no solo como Papa, sino como hijo espiritual de Agustín, conectando la historia de la Iglesia con el presente.
La caridad concreta: encuentro con los ancianos

Posteriormente, el Pontífice visitó la residencia de las Hermanitas de los Pobres, donde el tono cambió de lo histórico a lo profundamente humano.
Ahí dejó una de las frases más luminosas del día:
“Donde hay amor concreto, ahí está Dios”.
En medio de una sociedad que muchas veces margina a los más vulnerables, el Papa recordó que el valor de una comunidad se mide por cómo trata a sus ancianos: “No los olviden, son memoria viva y bendición”.
Un momento en familia: los agustinos
En un encuentro privado con la Orden de San Agustín, León XIV vivió uno de los momentos más íntimos de la jornada.
Sin discursos públicos, pero con fuerte carga simbólica, este encuentro reflejó la dimensión más personal del viaje: el Papa que regresa a su casa espiritual, reafirmando el carisma agustiniano en el corazón de África.
“Den testimonio en la caridad fraterna”
El punto culminante del día fue la Santa Misa en la Basílica de San Agustín.
Ahí, el Papa ofreció una homilía profundamente inspirada en el pensamiento agustiniano, con un llamado claro a dar testimonio de verdadera. compasión y caridad.
Lejos de una fe teórica, León XIV insistió en lo esencial: “La fe se hace creíble cuando se convierte en amor concreto”. También recordó que el cristianismo no se impone, se propone con la vida: “No basta decir que creemos, es necesario vivir como hermanos”. En una tierra donde los cristianos son minoría, sus palabras resonaron con especial fuerza:
“La Iglesia crece cuando ama, no cuando se impone”.
Una despedida con sentido
Al caer la tarde, el Papa partió desde el aeropuerto de Annaba rumbo a Argel, cerrando así una jornada intensa, marcada por la espiritualidad, la memoria y la cercanía.
El segundo día del Papa León XIV en África deja una imagen clara: una Iglesia que no olvida de dónde viene. Al visitar Hipona, al abrazar a los ancianos y al predicar la caridad como centro, el Pontífice ha recordado que el cristianismo no es una idea, sino una vida vivida en comunidad.
En un mundo que busca respuestas complejas, su mensaje fue sencillo y profundo: volver al amor concreto, a la fraternidad y a las raíces.
Y ahí —como enseñó San Agustín— sigue estando la verdad.