Su Palabra nos da vida

Padre John Mario

Metanoia de Mujeres 2026

El Padre John Mario nos recordó hoy que el proyecto Yo soy el 73 nace y se sostiene en una certeza: la Palabra de Dios tiene poder. No es un mensaje bonito, no es un libro antiguo… es vida que se derrama y transforma.

Por eso, cuando decimos que Su Palabra nos da vida, lo afirmamos porque hemos visto cómo actúa, cómo ordena, cómo fecunda, cómo corta, cómo sana.

El Padre nos explicó cuatro razones por las que la Palabra de Dios realmente da vida:

  1. Su Palabra crea: pone orden donde hay caos

El Padre nos llevó a Génesis, donde todo empieza:

“En el principio Dios creó el cielo y la tierra… dijo Dios, y así fue”.

Dice el Padre que en la Biblia crear no significa sacar algo de la nada, sino poner orden donde antes había desorden. Eso hace Dios contigo y conmigo cada vez que escuchamos o meditamos su Palabra:

Donde hay caos, Él pone orden.

Donde hay confusión, Él ilumina.

Donde hay desorden interior, Él acomoda, endereza y renueva.

El Padre lo dijo con fuerza:

“Cuando tú lees la Palabra de Dios, esa Palabra crea en ti vida nueva. Quita el caos, introduce orden. Porque cuando Dios dice, se hace”.

Si hoy te sientes enredado, perdido o apagado, vuelve a la Palabra. Allí empieza una creación nueva para ti.

  1. Su Palabra fecunda: hace germinar lo que estaba estéril

El Padre citó Isaías 55, recordándonos que la Palabra de Dios es como lluvia que empapa y transforma la tierra.

La Palabra siempre produce efecto. Nunca vuelve vacía. Nunca es estéril.

Cuando la escuchas en la Eucaristía, cuando la meditas en silencio, cuando la dejas entrar en tu corazón, esa Palabra: limpia, fecunda, remueve lo seco, despierta lo dormido, y prepara tu vida para dar fruto.

El Padre insistió:

“La Palabra es eficaz, tiene dinamismo. Escúchala más, y tu vida será más fecunda”.

  1. Su Palabra tiene vida y poder: transforma desde dentro

Desde Hebreos 4, el Padre nos recordó que la Palabra es viva, es poderosa, es aguda, es luz que penetra hasta lo más profundo del alma.

No es una palabra decorativa. No es poesía espiritual.

Es Palabra que: mata el pecado, rompe la tibieza, cuestiona lo que arrastramos, nos confronta, y nos transforma.

El Padre lo dijo muy claro:

“Nadie vuelve a ser el mismo después de meditar la Palabra. Llega hasta donde ninguna palabra humana llega”.

Y añadió algo esencial para la vida espiritual:

“El arma más poderosa para vencer al demonio es la Palabra de Dios”.

Si quieres fuerza, si quieres claridad, si quieres liberación… vuelve a la Palabra. Ella hace lo que tú no puedes.

  1. Su Palabra sana: toca lo que nadie más puede tocar

Finalmente, el Padre nos llevó a Lucas 5, donde Jesús toca al leproso y lo sana al instante.

Y allí explicó algo precioso: La Palabra de Jesús sigue sanando hoy.

No solo enfermedades físicas, sino heridas profundas: ansiedad, depresión, miedos, traumas, culpas, quebrantos del alma.

Su Palabra toca lo que nadie ve.

Su Palabra limpia lo que parecía incurable.

Su Palabra restaura lo que estaba roto.

El Padre lo resumió así:

“Tu Palabra, Señor, me recrea, me hace fecundo, me hace tierra buena. Tu Palabra da vida”.

El discípulo 73 ama la Palabra

El Padre cerró la conferencia con una súplica que nos abrazó a todos:

“Regálame, Señor, un gran amor por tu Palabra”.

Porque el discípulo 73 no solo lee la Biblia… la saborea, la disfruta, la deja hacer su obra.

Y cuando la Palabra entra, la vida cambia. Así de simple. Así de poderoso.