Subir la montaña, dejarse transformar: la invitación de Dios a un corazón renovado

S.E. Mons. Alberto Rojas

obispo de la Diócesis de San Bernardino

En la homilía de la Santa Misa al inicio del segundo día del Metanoia de Mujeres 2026,  Mons. Alberto Roja, abre con una invitación directa: “La Palabra de Dios hoy nos invita a salir y dejarnos tocar por Dios”. Mons. Rojas retoma el llamado que recibió Abraham —“Sal de tu tierra”— para recordarnos que Dios no siempre explica el porqué, pero siempre promete bendición. La fe auténtica, dijo, es como la de Abraham: avanzar sin tener todas las respuestas.

Explicó que la Cuaresma es justamente ese movimiento interior que nos saca de lo que nos estanca: comodidad, conformismo, orgullo, mediocridad espiritual, relaciones tóxicas. Con fuerza afirmó:

“Sacúdete el polvo… Deja tu pereza, sal de ahí y confía en ti”.

Una frase que golpea porque nos confronta: muchas veces no avanzamos porque no queremos movernos de donde estamos atascados.

En la enseñanza de San Pablo, recordó que la santidad no depende de nuestros méritos, sino del poder de la Resurrección. Y trajo la célebre frase de San Agustín: “Dios que te creó sin ti, no te va a salvar sin ti”.

La gracia es gratis, sí, pero necesita apertura, aunque sea mínima.

Al llevarnos al Monte Tabor, presentó la Transfiguración como un momento de revelación, una luz tan fuerte que transforma. Allí aparecen Moisés y Elías, como símbolo de que todo el Antiguo Testamento se resume en Cristo. Y la voz del Padre resuena: “Este es mi Hijo amado… escúchenlo”.

El obispo preguntó con mucha intención:

“¿Qué tanto lo hemos escuchado?”

No como reproche, sino como llamada a volver al centro: su Palabra transforma, limpia, revela.

Explicó que este Evangelio aparece en Cuaresma porque solo desde la gloria entendemos la Cruz. Igual que los apóstoles que subieron cansados, sin saber qué verían, pero obedecieron, nosotros también recibimos —cuando perseveramos— “una probadita” de la gloria, un destello de lo que Dios puede hacer en nosotros.

Luego habló de las tentaciones que todos vivimos: glotonería, orgullo, hambre de poder, y de los tres remedios concretos de la Cuaresma:

  • Ayuno para liberarnos de lo que nos esclaviza: comida, celular, televisión, crítica, enojo.

  • Oración para sanar el orgullo y volver a la humildad. Citó a Santa Teresa de Ávila:

    “La oración es tratar de amistad con quien sabemos nos ama.”

  • Caridad para bajar del monte y servir, porque el verdadero encuentro con Cristo siempre nos impulsa a amar. Recordó la frase de San Óscar Romero:

    “La gloria de Dios es el pobre.”

Habló con firmeza del sufrimiento actual: la violencia, el abuso de poder, el maltrato a los migrantes. Dijo una frase durísima:

“Si a los inmigrantes los trataran al menos como perros, serían mejor tratados”.

Y advirtió que si los dolores del mundo no tocan nuestro corazón, no estamos viviendo bien la Cuaresma.

Jesús nos dice hoy, igual que a los apóstoles: “Levántense, no tengan miedo”.

Para quienes sienten cansancio espiritual, desánimo o frialdad en la fe, Mons. Rojas recordó que Dios ve el esfuerzo, incluso cuando no vemos resultados.

“No es lo mismo quedarse tirado que levantarse una y otra vez”.

Subrayó que Cristo permanece con nosotros, sobre todo en la Eucaristía, donde podemos acercarnos a Él “físicamente”. Dijo: “Qué bendición es poder participar de la Eucaristía”.

También advirtió sobre el ruido de la tecnología y la desconexión de quienes están a nuestro lado. La tecnología es un don, incluso la IA, pero puede usarse para el mal. Llamó a equilibrar su uso, especialmente con los niños.

Reafirmó nuestra identidad más profunda: somos hijos de Dios. Él ya hizo todo lo necesario para salvarnos. Falta querer escucharlo, querer salir, querer subir la montaña con Él.

La Cuaresma —insistió— no debe ser “otro tiempo más”, sino un cambio real, desde dentro, para amar mejor.

Con fuerza animó:

“No se desanimen nunca, porque nunca estamos solos”.

Terminó invitándonos a subir la montaña con Cristo en estos 40 días… para luego bajar transformados y amar más en comunidad.