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¿QUÉ ES EL SACRAMENTO DE LA EUCARISTÍA?

Es Cristo, que sigue viviendo entre nosotros, Él es la fuente y la cima de toda la vida cristiana, y contiene todo el bien espiritual de la Iglesia.  Como dijera a sus discípulos en Galilea, antes de ascender al Padre. “Sepan que Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin de los tiempos”. Nuestro amadísimo Redentor cumplió su promesa, cuando en la Última Cena, señaló sobre las especies del pan y el vino. “Esto es Mi Cuerpo, coman de él; ésta es Mi Sangre, beban de ella, y hagan esto en conmemoración Mía”.

En la Eucaristía, está presente Cristo con todo Su Cuerpo, Su Sangre, Su Alma, Su Divinidad. Jesucristo vivo y vivificador, nuestro divino Redentor. De esta manera Nuestro Señor Jesucristo obró, por su gran amor, el milagro infinito al instituir la Santísima Eucaristía, con la cual participamos de la Vida eterna mediante la Comunión de su Cuerpo Sacratísimo y de su Sangre Preciosísima. Así Él habita en nuestros corazones.

Consideremos ahora algunos de los principales efectos de la Sagrada Eucaristía en el alma de quien la recibe con fe, porque por muy difícil que parezca la vida, aunque tengamos muchos problemas y se nos cierren los caminos, nos queda el refugio de esa fe. La Sagrada Comunión nos fortalece para luchar en la vida.

La comunión es fuente de energía, la fuerza de la Iglesia Católica, la adquiere del Cuerpo y Sangre de Cristo nuestro Señor.

Otro efecto de la Eucaristía en el alma de quien la recibe con fe, es que el pensamiento de la muerte ya no debe quebrantarle, porque quien come Su Carne y bebe Su Sangre tendrá  vida eterna y Él lo resucitará en el último día. Palabras magníficas, palabras santas, palabras de vida pronunciadas por Cristo que traspasó triunfalmente la puerta de la muerte para resucitar a la vida eterna.

Es el sagrado banquete en que recibimos el Cuerpo y la Sangre de Cristo, en que celebramos el memorial de Su Muerte y Su Resurrección, lo que nos llena de gracia al recibir la palabra de la Gloria Futura.

No hay ningún dogma más edificante y que más nos impulse a una vida ideal que el de la Eucaristía. Así, después de la Comunión, dentro del Sagrado Corazón, laten nuestros corazones y el Salvador nuestro Dios, inunda nuestras venas con Su sangre que quema y purifica en nosotros, los pecadores, toda la debilidad y mezquindad para que no quede ni la más leve escoria, para que no tengamos ni un solo latido que no sea por nuestro Padre Dios y para su gloria.

Ahora bien, después de haber considerado qué es la Eucaristía y de haber ponderado algunos de sus efectos en el alma del creyente, podemos preguntarnos ¿Qué es la Santa Misa?

Sabiendo lo que es, en realidad saltaría nuestro corazón de gozo. ¡Si supiéramos que en cada Misa, es el mismo Jesucristo, Señor y Redentor nuestro, quien se hace presente en la mente de nosotros con Su Cuerpo y Su Sangre, Su Alma y Su Divinidad y que se hace presente todos los días por nosotros, actualizando su Sacrificio único en forma sacramental!

Jesús cuando instituyó la Eucaristía les dijo a sus Apóstoles “hagan esto en memoria Mía”, lo que significa, un recordatorio perene de Su muerte, al dar a sus fieles, hasta la consumación de los tiempos, Su Cuerpo y Su Sangre, bajo las especies de pan y vino. Por esto la Santa Misa, es un tesoro inestimable que, aún hoy en día, es el mismo Cristo quien renueva en cada Celebración el Sacrificio del Calvario que ofreció aquélla noche del Jueves Santo.

Pero cuando Jesucristo ofrece su sacrificio, los miembros (que somos nosotros) también hemos de intervenir y participar en el Sagrado Acto, porque formamos con Él, un solo Cuerpo Místico y así, en la Santa Misa, brota continuamente la Sangre de Cristo, Santa e inmortal, para beberla y así recibir en amplias corrientes la gracia vivificadora.

Pero Jesucristo, no se contentó con ofrecer una vez en el Calvario Su sacrificio Redentor, sino que quiere perpetuarlo hasta la consumación de los siglos, por ello se ofrece nuevamente en Sacrificio al Padre Celestial por nosotros, cada vez que se celebra la Santa Misa.

Nunca debemos olvidar que no se mueve la hoja del árbol, sin la voluntad de Dios. Por lo tanto, debemos considerar la Eucaristía como Acción de Gracias y alabanza al Padre, como memorial del Sacrificio de Cristo y de Su Cuerpo, como presencia de Cristo por el poder de Su Palabra y de Su Espíritu y podemos agregar que la Eucaristía es el vehículo sensible de gracia y salvación a través de la recepción de Cristo, bajo las especies de pan y vino, que se convertirán en Su Cuerpo y Su Sangre y que recibiremos, así, el contacto directo con el Padre.

Cristo al ofrecernos Su cuerpo y Su Sangre en el Sacramento de la Eucaristía, sabía que íbamos a ofenderlo y a pesar de ello, Su corazón amante no quiso negarnos este don infinito. Desde el día en que comprendí esto, ya no cierro los ojos a la hora de la elevación, Lo veo directamente para pedirle perdón y decirle que lo amo y sobre todo, agradecerle todos los dones y beneficios que me ha otorgado.

Como Jesús vive del Padre y para el Padre, así también, al comulgar con Su Cuerpo y Su Sangre, nosotros vivimos de Jesús y para Jesús: al servicio de nuestros hermanos.

Hemos visto en la Última Cena, que nuestro Señor Jesucristo no solamente ofreció Su Cuerpo y Su Sangre como manjar a los apóstoles, sino que además les dio una orden sublime que concluyó toda la Ceremonia: “Hagan esto en memoria mía”. Así lo ordenó, porque quiere que este alimento de vida eterna lo puedan consumir sus fieles de todos los tiempos. De esa manera será realidad su promesa “Yo estaré con ustedes hasta la  consumación de los siglos”.

La Eucaristía es Comunión con el Cuerpo y la Sangre de Cristo, porque Él así lo quiso. Jesucristo es muy claro al invitar a todos sus Discípulos y no solamente a sus Apóstoles, al Banquete de Su Cuerpo y de Su Sangre, puesto que Él dijo, tomen y coman, este es Mi Cuerpo; tomen y beban todos de ella, pues esta es Mi Sangre.

Los católicos sabemos perfectamente, que Jesús está con Su Cuerpo, Su Sangre y Su Alma, y Su Divinidad, en cada una de las especies consagradas, pero también sabemos y escuchamos en cada Misa que Jesús nos invita a comulgar con las dos especies consagradas.

Oración:

 “oh Jesús, Tú que estás en el altar, bajo la especie de pan, en la blancura de la hostia inmaculada que es Tu cuerpo bendito, que aquí adoramos, y por el vino que es Tu sangre bendita, ante la cual nos postramos, Dios te adoro de verdad como mi Creador y Señor, y Te suplico que tengas piedad de Mí, y perdones mis pecados”.

 

Fuente: eresbautizado.com

 

que-es-la-fe-teologal

*Es una llave espiritual que nos abre la entrada a un universo de maravillosas realidades.
*Es una luz sobrenatural que ilumina nuestra existencia y nos hace comprender con la mirada de Dios todos los acontecimientos que hacen presencia en nuestra vida.
*Es una fuerza irresistible que brota de la omnipotencia de Dios, y que nos auxilia eficazmente para vivir y actuar con los mismos sentimientos de Cristo.
*Es un impulso que la misericordia de Dios le comunica al hombre, para que el hombre acepte el mensaje de salvación que Dios le brinda y bajo su auxilio eficaz realice su existencia en esa ascensión a la bienaventuranza eterna.
*Es un don que viene de Dios, que se perfecciona con la ayuda divina y que alcanza su meta, cuando la fe se convierte en plena y total contemplación del misterio divino.


EXCELENCIA DE LA FE TEOLOGAL

La misericordia de Dios, le ofrece al hombre el don de la fe para que el hombre acepte el mensaje de la Revelación, entienda y cumpla lo que Dios nos pide y alcance participar de la Bienaventuranza eterna.

La fe exige que el hombre acepte y confíe en el mensaje que Dios le ofrece y ponga todas sus energías para cumplir con fidelidad la palabra de salvación que Dios le comunica.

El Padre ha querido salvar al hombre y ha enviado a su Hijo para que con su palabra y ejemplo proclamara el mensaje de la salvación.

El Padre y el Hijo han enviado al Espíritu Santo para que le explique al hombre el mensaje que el Hijo enseñó y que ahora el Espíritu Santo explicará y auxiliará al hombre a que viva comprometidamente ese mensaje de salvación.

La fe teologal es por lo tanto superior a la fe humana, porque se fundamenta en la Verdad de Dios, que no puede engañarme, ni engañarnos y que aunque no comprendamos las verdades que nos comunica, son sin embargo más ciertas y verdaderas que nuestra función humana.

La fe es una elevación de nuestro entendimiento por parte de la bondad de Dios para que lleguemos a contemplar y gustar, como Dios mismo contempla todo cuanto acontece en nuestra vida.

La fe nos hace penetrar en el misterio de Dios, conocer la grandeza y bondad de sus mandamientos y cumplirlos con aquella generosidad y atención con las que Cristo se esforzó por agradar a su Padre de los cielos.

La fe nos da la certeza de que si cumplimos la voluntad de Dios en nuestra vida, Él nos dará como recompensa disfrutar en su compañía y por toda la eternidad la Bienaventuranza eterna.

La excelencia y grandeza del ejercicio de la fe teologal está en que realmente Dios puede comunicar y perfeccionar este Don, que nos pone en comunicación directa con Dios mismo y eleva el ejercicio de nuestras potencias humanas, el entendimiento y la verdad a un dinamismo tal como su voluntad lo disponga.

EJERCICIO DE LA FE TEOLOGAL

La fe teologal como las virtudes teologales: Esperanza y Caridad, son el único medio mediante el cual el hombre puede comunicarse con Dios. De tal manera que si Dios no le concede el Don de la fe, el hombre jamás podrá admitir y vivir el mensaje de salvación que Dios le transmite.

La Iglesia que conoce el misterio de Dios y la condición real de la creatura humana, le abre las puertas al hombre, para que éste con humildad y confianza le pida a Dios le otorgue el Don de la fe.

Y así cuando se va a recibir el sacramento del bautismo, la Iglesia, pregunta: ¿Qué pides a la Iglesia? Y los padres y padrinos en nombre del niño responden: ¡el Don de la Fe! Y la Iglesia continúa su diálogo ¿Y qué te da la fe? Y los padres y padrinos contestan: ¡la Vida eterna! A lo que el ministro en nombre de la Iglesia señala: Si quieres poseer la Vida eterna ¡Cumple los mandamientos!

Como aparece claro, la fe teologal es un compromiso entre Dios y el hombre: Por una parte, Dios promete la posesión de la Vida eterna, el gozo perfecto de la Bienaventuranza, siempre que el hombre observe el cumplimiento de la Ley de Dios, con la plena seguridad de que Dios será fiel a su promesa.

La fe aparece, no únicamente como una simple aceptación de aquéllas verdades que Dios nos comunica, sino también el ejercicio y complimiento de su divina voluntad pronta a salvarnos.

Los escritos del Nuevo Testamento son claros en manifestar que una fe, sin el ejercicio explícito y correcto de las obras que la voluntad de Dios nos manda hacer, esa fe es una fe muerta que no produce frutos para la Vida eterna.

Dios Padre, afirma que ama al hombre y que desea salvarlo y envía a su Unigénito para que realice esta obra de salvación.

Dios Hijo, proclama que ama al hombre, y para manifestarle la autenticidad de su amor ofrece su vida como una eximia prueba de su caridad para liberar al hombre de su pecado y colmarlo con los frutos de su redención.

Dios Espíritu Santo, infundió tal y excelente caridad en el corazón de Cristo que lo impulsó a satisfacer la ofensa que el hombre había cometido contra Dios y alcanzar mediante esta amorosa oblación la alabanza perfecta a Dios y el perdón cabal al pecado del hombre.

Este proceder de Dios, le manifiesta al hombre que el ejercicio de la fe, debe de explicitarse en obras concretas que manifiestan la autenticidad cabal de la fe teologal que misericordiosamente ha recibido de la Bondad divina.


Fuente: R.P. Rafael López, M.Sp.S.
una-pausa-espiritual

Nos ha tocado vivir en un tiempo, en el que la rapidez lo contagia todo, ofreciéndonos logros sorprendentes, pero, también, atropellándonos en su caótico torbellino. Con mucha frecuencia no tenemos tiempo, ni siquiera para cumplir nuestras más elementales obligaciones. Es tal la catarata de acontecimientos, que sofocan nuestra vida, que nos vemos atrapados en angustiosos pantanos, que nos van aniquilando, poco a poco, pero en forma inexorable.

El momento actual, ha precipitado sobre nosotros, un abismo de ruidos, de oscuridades, de sobresaltos y trastornos que han quebrantado la armonía íntima de nuestros sentimientos y nobles aspiraciones. Siempre estamos en la búsqueda constante de la felicidad, sin que logremos alcanzarla plenamente.

No busques a Dios en el templo, búscalo en tu corazón.

Padre nuestro,
que estás en el cielo,
santificado sea tu nombre,
venga a nosotros tu reino
hágase Señor tu voluntad,
tanto en el cielo, como en la tierra
danos hoy nuestro pan de cada día,
perdona nuestros pecados
así como nosotros perdonamos
a los que nos ofenden,
no nos dejes caer en tentación,
líbranos de todo mal, amén.

Necesitamos recobrar nuestra propia interioridad, dialogar viva, familiarmente, con esos seres divinos el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, que nos colmarán con su insondable paz, nos recordarán el sentido profundo de nuestra vida, el verdadero fin y objetivo de nuestros esfuerzos.

Nuestra vida adquirirá su más genuino valor, en la medida en que dejemos que la invasión de la claridad, nos inunde, en aquella sinceridad incondicional, para que Dios irrumpa en nuestra existencia, y haga de ella una alabanza para su Gloria, y un camino de salvación, que nos perfeccione y auxilie a los demás en su ascensión a la casa del Padre.

Que éste sea nuestro propósito, recitar todos los días el Padre Nuestro: Como Cristo nos enseñó a Orar.

Fuente: eresbautizado.com
resurrecion-y-esperanzaPor: P. José Román Flecha Andrés


En su exhortación “La alegría del Evangelio”, el Papa Francisco nos ha invitado a reflexionar  sobre la acción misteriosa del Resucitado. Ese es uno de los motivos que nos impulsan a la evangelización en este preciso momento de la historia.  El pesimismo puede generar en nosotros la apatía. Pero la fe nos insta a superar la comodidad y la flojera.  La tristeza de la insatisfacción nos destruye porque nadie puede vivir sin esperanza. El Papa nos ofrece, al menos, siete puntos de reflexión para el tiempo de Pascua.

1. “Si pensamos que las cosas no van a cambiar, recordemos que Jesucristo ha triunfado sobre el pecado y la muerte y está lleno de poder. Jesucristo verdaderamente vive. De otro modo, «si Cristo no resucitó, nuestra predicación está vacía» (1 Co 15,14).

2. La fe nos invita a descubrir a Jesucristo vivo y a vivir con él. “Cristo resucitado y glorioso es la fuente profunda de nuestra esperanza, y no nos faltará su ayuda para cumplir la misión que nos encomienda”.

3. Nuestra tradición puede llevarnos a pensar que tanto la muerte como la resurrección de Cristo son tan solo un recuerdo. Pero no es así. “Su resurrección no es algo del pasado; entraña una fuerza de vida que ha penetrado el mundo. Donde parece que todo ha muerto, por todas partes vuelven a aparecer los brotes de la resurrección. Es una fuerza imparable”.

4. Siempre nos acecha la tentación de pensar que el mal es invencible. Sin embargo, es posible la esperanza. “Los valores tienden siempre a reaparecer de nuevas maneras, y de hecho el ser humano ha renacido muchas veces de lo que parecía irreversible. Ésa es la fuerza de la resurrección y cada evangelizador es un instrumento de ese dinamismo”.

5. A veces el desaliento brota de la experiencia de nuestros propios fracasos. Pero la fe nos levanta de nuestra postración. “La fe es también creerle a Él, creer que es verdad que nos ama, que vive, que es capaz de intervenir misteriosamente, que no nos abandona, que saca bien del mal con su poder y con su infinita creatividad. Es creer que Él marcha victorioso en la historia «en unión con los suyos, los llamados, los elegidos y los fieles» (Ap 17,14)”.  

6. En medio de la mala hierba, crece también la buena semilla. “La resurrección de Cristo provoca por todas partes gérmenes de ese mundo nuevo; y aunque se los corte, vuelven a surgir, porque la resurrección del Señor ya ha penetrado la trama oculta de esta historia, porque Jesús no ha resucitado en vano. ¡No nos quedemos al margen de esa marcha de la esperanza viva.

7. No siempre vemos esos brotes. Pero la fe nos ofrece la certeza de una fecundidad impensable. “Uno sabe bien que su vida dará frutos, pero sin pretender saber cómo, ni dónde, ni cuándo… Aprendamos a descansar en la ternura de los brazos del Padre en medio de la entrega creativa y generosa”.

cruz

 

1- Limpia tu alma mediante el sacramento de la confesión y lleva una vida sin manchas, sin impurezas. Un corazón puro y abierto es dócil a escuchar la voz de Dios. Haz un examen de conciencia, arrepiéntete de corazón y confiésate.
“Que el Dios de la paz los haga santos en toda su persona. Que se digne guardarlos sin reproche, en su espíritu, su alma y su cuerpo, hasta la venida de Cristo Jesús, nuestro Señor.”. 1 Tesalonicenses 5, 23

2- Pide a Dios la virtud de la humildad, de dejar a un lado la soberbia y el orgullo para recibir las bendiciones de Dios. La humildad es necesaria para ser un verdadero discípulo y actuar conforme sus enseñanzas.
“Como elegidos de Dios, sus santos y amados, revístanse de sentimientos de profunda compasión. Practiquen la benevolencia,la humildad, la dulzura, la paciencia.” Colosenses 3, 12.

3- Confia en Dios, él te dará la fuerza que necesitas para seguir adelante, no te rindas. Pide al Espíritu Santo que aumente tu fe y confianza para no dudar.
“Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.” Filipenses 4, 13

4- Reconcíliate con tu hermano, y con el que te ha hecho mal. Resuelve tus diferencias con respecto recordando que a quien tienes frente a tí es rostro de Cristo. No te amargues por el pasado, la única persona que sufre eres eres tú.
“Si tu hermano peca, ve y corrígelo en privado. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano.” Mateo 18, 15

5- Valora todas las bendiciones que recibes cada día de Dios, las cosas más valiosas no son las materiales. Cuando aprendemos a valorar las cosas que en verdad tienen valor, dejamos de lado la envidia y los sentimientos que nos separan de Dios.
“Allí donde esté tu tesoro, estará también tu corazón.” Mateo 6, 21

6- Visita a Jesús en la capilla y pídele que te llene con su corazón, para que así tu puedas compartir ese amor con los demás. Nadie puede dar lo que no tiene. Mira en silencio su imagen la cual recuerda constantemente que su amor no tiene límite.
“Amémonos unos a otros, porque el amor viene de Dios. Todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor.” 1 Juan 4, 7-8

7- Entrégale tus problemas a Dios, recuerda que Dios es más grande que tus problemas. Preocuparse no resuelve los problemas. Haz lo que esté en tus manos y confía en que Dios está en control de tu situación.
“Depositen en él todas sus preocupaciones, pues él cuida de ustedes.” 1 Pedro 5, 7

8- Lee a diario un versiculo de la biblia y meditalo. Dios quiere hablarte a través de su palabra, para que puedas Llevar el mensaje de amor con tus palabras y tu testimonio a quienes te rodean.
“Leerás continuamente el libro de esta Ley y lo meditarás para actuar en todo según lo que dice. Así se cumplirán tus planes y tendrás éxito en todo. Yo soy quien te manda; esfuérzate, pues, y sé valiente.” Josué 1, 8

9- Sé feliz, Dios quiere tu felicidad y tienen planes maravillosos para tí. La felicidad no significa la ausencia de problemas sino la certeza de tener a Cristo en cada momento de la vida que es una alegría duradera.
“Estén siempre alegres, oren sin cesar, Den gracias a Dios en toda ocasión: esto es lo que Dios quiere de todos ustedes, en Cristo Jesús.” 1 Tesalonicenses 5, 16-18

10- Realiza tu trabajo con honestidad y vive una vida balanceada dedicando tiempo de calidad a tu familia, cuidalos, escúchalos y préstales la atención que merecen. Pueden rezar el rosario juntos, meditar en la palabra de Dios, o asistir a misa en familia.
“Graba en tu corazón los mandamientos que yo te entrego hoy, repíteselos a tus hijos, habla de ellos tanto en casa como cuando estés de viaje, cuando te acuestes y cuando te levantes.” Deuteronomio 6, 6-7

11- Vive cada día con intensidad, y da lo mejor de ti, ayudando a los demás y practicando obras de misericordia, después de todo ¡solo se vive una vez! Todos los días podemos hacer algo para llegar un día a alcanzar la vida eterna por su misericordia.
“Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.” Mateo 5, 7

12- Experimenta cosas nuevas, cuando hacemos lo mismo obtenemos los mismos resultados. Aprovecha las dificultades para salir de nuestra zona de comodidad. Renuncia a las actitudes negativas y saca lo mejor de ti.
“Mas tú, Señor, eres mi escudo, mi gloria, el que levanta mi cabeza.” Salmos 3, 3

13- Lucha por mantener a tu familia unida, tanto fisica como espiritualmente. Realiza actividades como salir de paseo al parque, colaborar en las tareas del hogar, rezar el rosario juntos, asistir a misa, vivir la semana santa en familia.
“En fin, vivan todos unidos, compartan las preocupaciones de los demás, ámense como hermanos, sean misericordiosos y humildes.” 1 Pedro 3, 8

14- No temas si has fracasado, sigue adelante, recuerda que el éxito es el resultado de vencer el fracaso. Todos tenemos algo que que podemos hacer mejor, pidele a  Jesucristo, que venció la muerte en la cruz por ti, para que tengas vida en abundancia.
“Porque todo lo que ha nacido de Dios vence al mundo. Y ésta es la victoria que ha vencido al mundo: nuestra fe.” 1 Juan 5, 4

15- Toma fuerzas en Jesús e inicia una nueva etapa de tu vida, deja de lado todo lo que hiciste mal, pide perdón si has actuado mal, y pídele a Jesús te ayude a cumplir tu misión, pues en cristo tenemos una nueva vida.
“El que está atento a la palabra encontrará la dicha, y ¡feliz el que confía en el Señor!” Proverbios 16, 20

16- Sé un discípulo y comparte con tu testimonio que Dios es amor. Dile a Jesús cuánto lo amas y demuestraselo con tus acciones
“Pongan por obra lo que dice la Palabra y no se conformen con oírla, pues se engañarían a sí mismos.” Santiago 1:22

17- Deja de quejarte, hay personas que quisieran tener las bendiciones que tienes, Dios no te dará una cruz más grande de lo que puedes llevar. No mires tanto el problema, sino busca soluciones de la mano de Dios.
“Cumplan todo sin quejas ni discusiones; así no tendrán falla ni defecto y serán hijos de Dios sin reproche en medio de una raza descarriada y pervertida. Ustedes son luz en medio de ellos, como las estrellas en el universo.” Filipenses 2, 14-15

18- Ocupa tu mente en cosas importantes y de valor, no dejes entrar a tu mente y a tu corazón sentimientos negativo y tóxicos. La negatividad sólo nos destruye. Pídele a Dios la virtud de ver las cosas a la luz de su gracia.
“todo lo que es verdadero y noble, todo lo que es justo y puro, todo lo que es amable y digno de honra, todo lo que haya de virtuoso y merecedor de alabanza, debe ser el objeto de sus pensamientos.” Filipenses 4, 8

19- Complace a Dios en tu actuar, pensar y sentir. Experimentarás la mayor alegría y plenitud en realizar la voluntad de Dios en tu vida.  En todo lugar donde vayas este día piensa cómo puedes ser reflejo de Cristo.
“Tenemos plena confianza de que Dios nos escucha si le pedimos algo conforme a su voluntad.” 1 Juan 5, 14

20- No dudes que Jesús está a tu lado, la Soledad solo llega cuando creemos en las trampas del enemigo. En oración pídele que te llene de su amor y de su paz, y ora también por las demás personas que esté pasando la misma situación.
“No temas, porque yo estoy contigo, no te inquietes, porque yo soy tu Dios; yo te fortalezco y te ayudo, yo te sostengo con mi mano victoriosa.” Isaías 41, 10

21- Sé agradecido con Dios, en su infinita misericordia Dios siempre nos da más de lo que merecemos.
“Te doy gracias, Señor, de todo corazón y proclamaré todas tus maravillas.” Salmos 9, 2

22- Se paciente. Madre Teresa decía que la paciencia todo lo alcanza. Recuerda que Dios tiene un tiempo perfecto para todo.
“En mi angustia yo invoqué al Señor, y clamé a mi Dios. Mi clamor llegó hasta sus oídos y desde su Templo oyó mi voz.” Salmos 18, 6

23- Escucha los consejos de los demás y pide al Espíritu Santo te de sabiduría para tomar decisiones correctas.
“Si a alguno de ustedes le falta sabiduría, que la pida a Dios, y la recibirá, porque él la da a todos generosamente, sin exigir nada en cambio.” Santiago 1, 5

24- Ayuna, recuerda que el mejor ayuno es cuando renunciamos a algo que nos gusta y lo ofrécelo por amor a Jesús y por las personas que sufren.
“Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno no sea conocido por los hombres, sino por tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.” Mateo 6, 16-18

25- Reconoce el valor de tus verdaderos amigos, cuya ayuda o consejo puede ser vital en momentos dificiles, despues de todo un amigo es un angel que Dios envía para ti .
“El amigo ama en cualquier ocasión, y un hermano nace para compartir la adversidad.”  Proverbios 17, 17

26- Reflexiona en las lágrimas que derramó nuestra madre María al ver el sufrimiento de su hijo en la cruz, y ofrece tus penas por la conversión de un familiar, o el eterno descanso de un conocido.
“Los que siembran entre lágrimas cosecharán entre gritos de alegría.” Salmos 126, 5

27- No te Resistas a los cambios. Muchas veces Dios permite estos cambios porque tiene mejores planes para nosotros. abre los brazos sin miedo y recibe las bendiciones que Dios tiene para ti.
“Porque yo sé muy bien lo que haré por ustedes; les quiero dar paz y no desgracia y un porvenir lleno de esperanza” Jeremías 29, 11

28- Ofrece tu servicio en la iglesia y da lo mejor de ti, a Dios no le gusta que seamos tibios, deja atrás la mediocridad y de a l espíritu santo reavive el fuego en ti .
“Que cada cual ponga al servicio de los demás la gracia que ha recibido, como buenos administradores de las diversas gracias de Dios.” 1 Pedro 4, 10

29- Ayuda a los demás, nunca es demasiado tarde para comenzar haciendo obras de bien para otros, sin que nadie lo note, experimenta la alegría y la satisfacción de ayudar sin esperar nada a cambio.
“Alégrense con los que están alegres, lloren con los que lloran.” Romanos 12, 15

30- Cumple tus promesas. Para ser un discípulo de Jesús debemos seguir su ejemplo,  Jesús cumple sus promesas. Cuando le prometas algo a alguien pídele a Dios te de la gracia para cumplirlo.
“Más vale no prometerle algo que prometer sin cumplirlo” Eclesiastés 5, 4

31- Comprométete con Jesús y deja ese pecado que te aleja de su paz y de su amor.
“El pecado paga un salario y es la muerte. La vida eterna, en cambio, es el don de Dios en Cristo Jesús, nuestro Señor.” Romanos 6, 23

32- Aparta toda distracción que aleje tus ojos del verdadero camino hacia la fuente de agua viva, hacia la vida eterna.
“Purifiquémonos de toda mancha del cuerpo y del espíritu, haciendo realidad la obra de nuestra santificación en el temor de Dios.” 2 Corintios 7, 1

33- Escucha la voz del señor que tiene para ti un propósito en la vida, Dios tiene un plan de vida maravilloso más grande de lo que te imaginas, no permitas que la ambición te aparte del camino, y se valiente y perseverante.
“Clama a mí y te responderé, y te daré a conocer cosas grandes y ocultas que tú no sabes.” Jeremías 33, 3

34- Deja atrás el pasado, recuerda que Jesús te ama y pago en la cruz por tus pecados, y todo lo perdona.
“Tampoco yo te condeno. Vete y en adelante no vuelvas a pecar.” Juan 8, 11

35- Sé amable y escucha con atención a los demás, especialmente aquellos que más te cueste.
“Si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué mérito tiene?” Mateo 5:43-48

36- Conviértete y cree en el evangelio, cada día puedes dar un paso para esta meta, acercarte a los sacramento, ser constante en la oración, recibir la eucaristía diaria son pasos que nos acercan y nos fortalecen en nuestra relación con Dios.
“Porque el que me encuentra ha encontrado la vida y ha obtenido el favor del Señor.” Proverbios 8:35

37- Habla bien de los demás y trata a todos con respeto. La regla de oro nos le enseña la biblia: “Todo lo que deseen que los demás hagan por ustedes, háganlo por ellos: en esto consiste la Ley y los Profetas.” Mateo 7, 12

38- Sé responsable, Dios ha confiado en ti lo mejor de su creación: tu familia, cuidala como un tesoro, dedicales el tiempo y el amor que se merecen. recuerda que son un reflejo de jesus. Se responsable en tu familia, en tu comunidad, en tu trabajo, en tu parroquia, en tu matrimonio.
“El que es fiel en lo poco, también es fiel en lo mucho, y el que es deshonesto en lo poco, también es deshonesto en lo mucho.” Lucas 10, 16

39- Cuando las cosas no salen como esperas, reconoce tus errores y enmiéndalos, deja de pensar que Dios es el culpable de tus problemas, asume la responsabilidad de tus acciones y vive libre de culpa.
“Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonarnos y purificarnos de toda maldad.” 1 Juan 1, 8-9

40- Asiste a misa con frecuencia, viviendo cada momento de la celebración eucarística y da gracias a Jesús por su gran amor y su sacrificio en la cruz por ti.
“El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él.” San Juan 6, 56