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En su mensaje para la II Jornada Mundial de los Pobres, que se celebrará el 18 de noviembre, el Santo Padre pide “no ser indiferentes al grito de dolor” de los más olvidados de la sociedad.

Sofía Lobos – Ciudad del Vaticano

La Oficina de Prensa de la Santa Sede ha publicado el mensaje para la Jornada Mundial de los pobres instituida por el Papa Francisco al finalizar el Jubileo de la Misericordia, que lleva como título “Este pobre gritó y el Señor lo escuchó”, en alusión al Salmo (34, 7) y que este año se celebrará el 18 de noviembre de 2018.

“Las palabras del salmista se vuelven también las nuestras a partir del momento en que somos llamados a encontrar las diversas situaciones de sufrimiento y marginación en las que viven tantos hermanos y hermanas, que habitualmente designamos con el término general de pobres”, explica el Santo Padre señalando que quien escribe tales palabras, a pesar de tener una experiencia directa de la pobreza, “la transforma en un canto de alabanza y de acción de gracias al Señor”.

La clave está en buscar a Dios dentro de cada realidad, situación o circunstancia de la vida, incluso en aquellos momentos más trémulos y vacíos de la propia existencia; puesto que la verdadera pobreza humana no reside en los bienes materiales, sino en los dones del Espíritu.

Por ello, el Pontífice subraya que este salmo “permite también a nosotros hoy comprender quiénes son los verdaderos pobres a los que estamos llamados a volver nuestra mirada para escuchar su grito y reconocer sus necesidades”.

Escuchar a los pobres

 

Por otra parte, el Papa destaca tres verbos fundamentales contenidos en la lectura de este salmo, que ayudan a comprender la actitud del pobre y su relación con Dios: gritar, responder y liberar.

En primer lugar gritar; porque la condición de pobreza “no se agota en una palabra, sino que se transforma en un grito que atraviesa los cielos y llega hasta Dios”. Un grito que expresa sufrimiento, soledad y desilusión, pero al mismo “esperanza”, ya que pide ser escuchado.

“¿Cómo es que este grito, que sube hasta la presencia de Dios, no alcanza a llegar a nuestros oídos, y nos deja indiferentes e impasibles?”, plantea el Sucesor de Pedro señalando que por ello, en esta Jornada, “estamos llamados a hacer un serio examen de conciencia para darnos cuenta si realmente hemos sido capaces de escuchar a los pobres”.  

Responder a los pobres

 

El segundo verbo propuesto por el Papa es responder, ya que tras escuchar el grito del pobre que sufre, es necesario dar una respuesta concreta.

“El Señor -dice el salmista- no sólo escucha el grito del pobre, sino que responde. Su respuesta, como se testimonia en toda la historia de la salvación, es una participación llena de amor en la condición del pobre”, continúa explicando el Obispo de Roma añadiendo que la Jornada Mundial de los Pobres “pretende ser una pequeña respuesta que la Iglesia entera, extendida por el mundo, dirige a los pobres de todo tipo y de toda región para que no piensen que su grito se ha perdido en el vacío”.

Una respuesta que no debe limitarse a la mera “asistencia material” del necesitado; sino a un auténtico encuentro personal con él, ya que- dice Francisco- “los pobres no necesitan un acto de delegación, sino del compromiso personal de aquellos que escuchan su clamor”. 

Liberar a los pobres

 

El último verbo es liberar: “el pobre de la Biblia vive con la certeza de que Dios interviene en su favor para restituirle dignidad”, escribe el Santo Padre recordando que la pobreza “no es buscada, sino creada por el egoísmo, el orgullo, la avaricia y la injusticia” y que por tanto, “cada cristiano y cada comunidad están llamados a ser instrumentos de Dios para la liberación y promoción de los pobres, de manera que puedan integrarse plenamente en la sociedad; esto supone que seamos dóciles; atentos para escuchar el clamor del pobre y socorrerlo” (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 187).

Y al respecto, el Pontífice pone en guardia sobre la”distancia social” que tiende a crearse en torno a los pobres, que sufren el rechazo, la marginación y la indiferencia de quienes pasan por su lado ignorando su presencia; ya que actuando así, “sin darnos cuenta se produce también una alejamiento del Señor Jesús, quien jamás los rechaza sino que los llama y los consuela”.

Los primeros en reconocer a Dios

 

Asimismo, Francisco hace hincapié, en que los pobres son los primeros capacitados para reconocer la presencia de Dios y dar testimonio de su proximidad en sus vidas “porque confían en que Dios permanece fiel a su promesa, e incluso en la oscuridad de la noche no hace faltar el calor de su amor y de su consolación”.

“Sin embargo, para superar la opresiva condición de pobreza es necesario que ellos perciban la presencia de los hermanos y hermanas que se preocupan por ellos y que, abriendo la puerta del corazón y de la vida, los hacen sentir amigos y familiares. Sólo de esta manera podremos reconocer la fuerza salvífica de sus vidas y ponerlos en el centro del camino de la Iglesia”, puntualiza el Papa invitando a todos a participar en la Jornada Mundial dedicada a los pobres, como un momento privilegiado de nueva evangelización.

“Los pobres nos evangelizan, ayudándonos a descubrir cada día la belleza del Evangelio. No echemos en saco roto esta oportunidad de gracia. Sintámonos todos, en este día, deudores con ellos, para que tendiendo recíprocamente las manos, uno hacia otro, se realice el encuentro salvífico que sostiene la fe, hace activa la caridad y permite que la esperanza prosiga segura en el camino hacia el Señor que viene”, concluye el Obispo de Roma

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Alessandro Gisotti – Ciudad del Vaticano
Promover un periodismo de paz, “un periodismo hecho por personas para las personas”. Es el desafío que ha lanzado el Papa Francisco al mundo de la información mundial con su Mensaje para la 52° Jornada de las Comunicaciones Sociales que en muchos países se celebra el domingo 13 de mayo, fiesta de la Ascensión del Señor. En el documento, publicado el 24 de mayo pasado, centrado sobre la verdad y, precisamente, en el periodismo de paz, el Pontífice desea un periodismo que esté al servicio de todas las personas, especialmente de aquellas “que no tienen voz”. Un periodismo, subraya el Papa, “empeñado en indicar soluciones alternativas al crecimiento del clamor y de la violencia verbal”.
Periodistas que sirvan a la verdad, no a los intereses particulares
El vínculo entre el periodismo y la paz, entre la información y la cultura del encuentro es particularmente importante para el Papa Francisco, que ya en el Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2016 subrayó que los medios de comunicación social tienen una gran responsabilidad para “vencer la indiferencia” y construir la paz.  Y esto, en primer lugar, poniéndose “al servicio de la verdad y no de intereses particulares”. El Mensaje subrayaba que sobre todo, para a los jóvenes, los medios de comunicación “no sólo informan sino que también forman el espíritu de sus destinatarios” y por ende es fundamental que los periodistas estén atentos al modo en el cual obtienen y difunden las informaciones.
Información sea “instrumento de construcción” no arma de destrucción”
Sobre el tema el Santo Padre vuelve con fuerza en el discurso al Consejo Nacional del Colegio de periodistas italianos. El periodismo, afirma el 22 de septiembre 2016, “debe siempre respetar la dignidad de la persona”. Cierto, observa, “la crítica es legítima” así tomo “la denuncia del mal, pero esto debe ser hecho siempre respetando al otro”. El periodismo, advierte el Papa, “no puede transformarse en un arma de destrucción de personas, incluso de pueblos. Ni debe alimentar el miedo ante los cambios o fenómenos como las migraciones forzadas por la guerra o por el hambre”. El periodismo, reitera Francisco, debe ser en cambio un “instrumento de construcción”, “un factor de bien común, un acelerador de procesos de reconciliación” que favorezca la “cultura del encuentro”.
Medios de comunicación católicos proclamen el Evangelio de la paz con todos los medios
En junio 2017, el Papa pide expresamente a los periodistas católicos que continúen “a buscar todos los medios tecnológicos y sociales para cooperar con la misión universal de la Iglesia de proclamar el Evangelio de la paz”. la ocasión la ofrece el Congreso Mundial de Signis en Quebec City, donde Francisco se hace presente con un mensaje en el cual pide a los miembros de la asociación católica internacional para la comunicación que inspire una “esperanza, accesible a todos, precisamente en el lugar en el que la vida conoce la amargura de la fracaso”.
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María Cecilia Mutual – Ciudad del Vaticano
La Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos dio a conocer este 24 de marzo una notificación sobre la memoria de la Bienaventurada Virgen María, Madre de la Iglesia, tras su inscripción en el Calendario Romano como memoria obligatoria a celebrarse ya este año el lunes después de Pentecotés. La notificación, firmada por el Prefecto, el Card. Robert Sarah y el Arzobispo Secretario, Arthur Roche, ofrece una serie de indicaciones oportunas, a seguir:
Las Misas del lunes y el martes de Pentecostés o las Misas votivas del Espíritu Santo
La primera, concierne la rúbrica que se lee en el Misal Romano después de los formularios de la Misa de Pentecostés, referida a las misas del lunes y martes después de Pentecostés, en que numerosos fieles asisten a misa y señala que “puede utilizarse la misa del domingo de Pentecostés o decirse la misa votiva del Espíritu Santo” (Misal Romano). La notificación de la Congregación para el Culto Divino señala que “sigue siendo válida, porque no deroga la precedencia de los días litúrgicos que, por su celebración , son regulados únicamente por la Tabla de los días litúrgicos” (cf. Normas universales sobre el año litúrgico y sobre el calendario, n. 59).
“Del mismo modo, – continúa la nota – la precedencia está ordenada por la normativa para las Misas votivas” las que “de suyo, están prohibidas los días en que coincide una memoria obligatoria, o una feria de Adviento hasta el día 16 de diciembre, o una feria del tiempo de Navidad desde el 2 de enero, o del tiempo pascual después de la octava de Pascua”. A este respecto la Congregación afirma que “si la utilidad pastoral lo pide, en la celebración con el pueblo puede utilizarse una misa votiva que responda a esa utilidad, a juicio del rector de la iglesia o del mismo sacerdote celebrante” (Misal Romano; cf. Ordenación general del Misal Romano, n. 376).
Con igual importancia, preferir la memoria de la Beata Virgen María
“Sin embargo, en igualdad de condiciones, se prefiere la memoria obligatoria de la Bienaventurada Virgen María, Madre de la Iglesia, cuyos textos van anexos al Decreto, con las lecturas indicadas, consideradas propias, porque iluminan el misterio de la Maternidad espiritual”.
La notificación de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos señala en este sentido que “en una futura edición del Ordo Lectionum Missae n. 572 bis, la rúbrica indicará expresamente que las lecturas son propias y, por tanto, aunque se trate de una memoria, deben tomarse en lugar de las lecturas del día” (cf. Leccionario, Prenotandos, n. 83).
Prevalencia de la memoria de la Beata Virgen María
Finalmente, en el caso de que esta memoria coincida con otra memoria, la indicación de la Congregación es que “se siguen los principios de las normas generales para el Año litúrgico y el Calendario” (cf. Tabla de los días litúrgicos, n. 60). Y recordando “la vinculación de la memoria de la Bienaventurada Virgen María, Madre de la Iglesia con Pentecostés, al igual que la memoria del Inmaculado Corazón de la Bienaventurada Virgen María con la celebración del Sagrado Corazón de Jesús”, la Congregación para el Culto Divino indica que “en caso de coincidencia con otra memoria de un Santo o de un Beato, según la tradición litúrgica de la preeminencia entre personas, prevalece la memoria de la Bienaventurada Virgen María”.
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En el inicio del tiempo litúrgico de Cuaresma el Papa prosiguió con su ciclo de catequesis sobre la Santa Misa e invitó a los fieles a pedirle a la Virgen que nos ayude a prepararnos para celebrar la Pascua de Cristo con un corazón purificado.

Griselda Mutual – Ciudad del Vaticano

En el miércoles de cenizas, que marca el inicio del Tiempo Cuaresmal, el Papa Francisco presidió la audiencia general en la plaza de san Pedro, concurrida a pesar del mal tiempo. “Buen día – dijo a los presentes- aunque el día está un poquito frío, ¿no? Pero si el alma está alegre siempre es un buen día.”

Tras este intercambio con los fieles, dio inicio a su catequesis sobre la Santa Misa, en la que abordó los tiempos que suceden a la escucha de las lecturas bíblicas y la homilía del sacerdote, a saber, el credo y la oración de los fieles.

El silencio permite sedimentar en el corazón la semilla de
la Palabra

 

En primer lugar puso de relieve el “silencio” que se guarda tras la homilía del sacerdote, que permite sedimentar en el corazón la semilla recibida: “En la Misa, – dijo en español- tras la proclamación de las lecturas bíblicas y de la homilía, guardamos un tiempo de silencio para que se pueda sedimentar en el corazón todo lo que se ha escuchado y se concreten propósitos de adhesión a lo que el Espíritu sugiere a cada uno”.

“El Señor habla para todos- añadió en italiano – Pastores y fieles. Él toca al corazón de cuantos participan en la Misa, a cada uno en su condición de vida, edad y situación”, y “todos cuando vamos a Misa, tenemos el derecho de recibir abundantemente la Palabra de Dios, bien leída, bien dicha y bien explicada en la homilía”.

La fe se alimenta con la escucha y conduce al sacramento

El Papa prosiguió con la profesión de fe de la Iglesia, que se expresa en el Credo y con el cual la Asamblea litúrgica da su asentimiento y su respuesta a la Palabra de Dios que se ha proclamado, volviendo a meditar y profesar los grandes misterios de la fe antes de celebrarlos en la Eucaristía.

“El Símbolo –expresó-  pone de manifiesto la unión entre el Bautismo y la Eucaristía. La fe de todo bautizado se inserta en la fe recibida de los apóstoles y su unión a Cristo se actualiza en la celebración de la Eucaristía”.

La lógica mundana no despega hacia el cielo

 

“A continuación, la oración universal expresa la respuesta a la Palabra de Dios, que ha sido acogida con fe”, prosiguió Francisco siempre en nuestro idioma. “En esta oración, los fieles se dirigen a Dios con la confianza de ser escuchados en sus peticiones, y hacen suya la mirada de Dios, que se preocupa de todos sus hijos”.

En este mismo punto,  en su catequesis impartida en italiano, el Romano Pontífice recordó que los Padres del Concilio Vaticano II quisieron restablecer la oración de los fieles, «para que con la participación del pueblo se hagan súplicas por la Santa Iglesia, por los gobernantes, por los que sufren cualquier necesidad, por todos los hombres y por la salvación del mundo entero», y en ese sentido subrayó que las pretensiones de la lógica mundana “no despegan hacia el Cielo”, así como también los pedidos autorreferenciales quedan sin respuesta.  En lugar de ello, el Santo Padre subrayó que las intenciones por las cuales se invita al pueblo fiel a rezar “deben dar voz a necesidades concretas de la comunidad eclesial y del mundo, evitando de recurrir a fórmulas convencionales y miopes”, y señaló asimismo, que las intenciones particulares vienen después, siendo propuestas por el diácono o por algún lector. 

María nos ayude a celebrar la Pascua con corazón purificado
 
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María Fernanda Bernasconi – Ciudad del Vaticano

El Papa Francisco desarrolló su reflexión a partir de la Primera Lectura propuesta por la liturgia del día en la que el Apóstol Santiago escribe que “su fe, puesta a la prueba, produce paciencia”.

La paciencia no es resignación o derrota

Pero ¿qué  significa ser pacientes en la vida y ante las pruebas? Ciertamente no es fácil comprenderlo, observó el Papa, haciendo una distinción entre la paciencia cristiana y la “resignación” y la actitud de la “derrota”, mostrándola en cambio como la “virtud” de “quien está en camino”, no de quien está “detenido” y “cerrado”:

“Y cuando se va por el camino suceden tantas cosas que no siempre son buenas. A mí me habla de la paciencia como virtud en camino la actitud de los padres cuando llega un hijo enfermo o minusválido, cuando nace así. ‘¡Pero gracias a Dios que está vivo!’: éstos son los pacientes. Y llevan durante toda la vida a ese hijo con amor, hasta el final. Y no es fácil llevar durante años, años y años a un hijo minusválido, a un hijo enfermo… Pero la alegría de tener a ese hijo les da la fuerza para ir adelante y esto es paciencia, no resignación: es decir, es la virtud que viene cuando uno está en camino”.

“ La paciencia cristiana no va por el camino de la derrota ”

El impaciente rechaza e ignora sus propios límites

El Papa Francisco se preguntó si hay alguna otra cosa que pueda enseñarnos la etimología de la palabra “paciencia”. Y dijo que su significado lleva consigo el sentido de la responsabilidad, porque el “paciente” – explicó – “no deja el sufrimiento, lo lleva consigo”, y lo hace “con gozo, regocijo, ‘perfecta alegría, como dice el Apóstol”:

“Paciencia significa ‘llevar consigo’ y no encomendar a otro que lleve el problema, que lleve la dificultad: ‘La llevo yo, ésta es mi dificultad, es mi problema. ¿Me hace sufrir? ¡Ciertamente! Pero lo llevo’. Llevarlo. Y también la paciencia es la sabiduría de saber dialogar con el límite. Hay tantos límites en la vida, pero el impaciente no los quiere, los ignora porque no sabe dialogar con los límites. Hay alguna fantasía de omnipotencia o de pereza, no sabemos… Pero no sabe”.

La paciencia de Dios acompaña y espera

Y la paciencia de la que habla Santiago – explicó el Papa Francisco – no es  un “consejo para los cristianos”. “Si miramos la historia de la Salvación” – prosiguió –  “podemos ver la paciencia de Dios, nuestro Padre”, que ha conducido y llevado adelante a su “pueblo testarudo” cada vez que “hacía un ídolo e iba de una parte a la otra”. Y paciencia es también aquella que el Padre tiene con “cada uno de nosotros”, “acompañándonos” y “esperando nuestros tiempos”. Dios también ha enviado a su Hijo para que “entrara en paciencia”, “tomara su misión” y se ofreciera “con decisión” a la Pasión:

“Y aquí pienso en nuestros hermanos perseguidos en Oriente Medio, expulsados por ser cristianos… Y ellos están orgullosos de ser cristianos: han entrado en paciencia como el Señor ha entrado en paciencia. Con estas ideas, tal vez, podamos  rezar hoy, rezar por nuestro pueblo: ‘Señor, da a tu pueblo la paciencia para cargar con sus pruebas’. Y también rezar por nosotros. Tantas veces somos impacientes: cuando una cosa no va, regañamos… ‘Pero detente un poco’, piensa en la paciencia de Dios Padre, entra en paciencia como Jesús’. Es una bella virtud la paciencia. Pidámosla al Señor”.

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Fe en Jesús y valor para ir más allá de las dificultades como han hecho tantos santos. Es esto lo que caracteriza la oración cristiana, tal como lo subrayó el Papa en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta, el segundo viernes de enero, inspirándose en las curaciones narradas en el Evangelio

María Fernanda Bernasconi – Ciudad del Vaticano

¿Cómo es en el Evangelio la oración de los que logran obtener del Señor lo que desean? De esta pregunta surgió la reflexión del Santo Padre de esta mañana.

La oración en la fe y de la fe

En el Evangelio de Marcos se relatan, tanto ayer como hoy, dos curaciones, recordó Francisco. Ayer la del leproso y hoy la del paralítico. Ambos rezan para obtener y lo hacen con fe: el leproso – subrayó el Papa – desafía incluso a Jesús con valor, diciendo: “¡Si quieres puedes purificarme!”. Y la respuesta del Señor es inmediata: “Lo quiero”. Por lo tanto todo es posible para quien cree, como enseña el Evangelio:

“Siempre, cuando nos acercamos al Señor para pedir algo, se debe partir de la fe y hacerlo en la fe: ‘Yo tengo fe de que puedes curarme, yo creo que tú puedes hacer esto’ y tener el coraje de desafiarlo, como el leproso de ayer, o este hombre de hoy, este paralítico de hoy. La oración en la fe”.

“ No recemos como papagayos ”

El Evangelio nos lleva a interrogarnos acerca de nuestro modo de rezar. No lo hagamos como “papagayos” y “sin interés” en lo que pedimos, sino que – sugirió el Papa – supliquemos al Señor que nos ayude con nuestra poca fe, incluso ante las dificultades. En efecto, son tantos los episodios del Evangelio en los que acercarse al Señor es difícil para quien tiene necesidad… Y esto nos sirve de ejemplo. Y recordó que el paralítico, en el Evangelio de hoy, incluso llega a ser calado desde el techo para que su camilla alcance al Señor que está predicando a la multitud. “La voluntad hace que se encuentre una solución” – subrayó el Santo Padre –, hace que se vaya “más allá de las dificultades”:

“Coraje para luchar a fin de llegar al Señor. Coraje para tener fe desde el inicio: “Si tú quieres puedes curarme. Si tú quieres, yo creo”. Y coraje para acercarme al Señor, cuando hay dificultades. Ese coraje… Tantas veces, se necesita paciencia y saber esperar los tiempos, pero no abandonar, ir siempre adelante. Pero si yo me acerco al Señor con fe y le digo: “Si tú quieres, puedes darme esta gracia”, y después, pero… dado que la gracia después de tres días no ha llegado, voy a otra cosa… y me olvido”.

“ Si la oración no es valerosa no es cristiana ”

Santa Mónica, la madre de Agustín, rezó y lloró tanto por la conversión de su hijo. Y logró obtenerla. El Papa Francisco la citó de entre tantos santos que han tenido gran valor en su fe. Coraje “para desafiar al Señor”, coraje para “ponerse en juego”, incluso si no se obtiene inmediatamente lo que se pide, porque en la “oración se juega de modo fuerte” y “si la oración no es valerosa, no es cristiana”:

“La oración cristiana nace de la fe en Jesús y va siempre con la fe más allá de las dificultades. Una frase para llevarla hoy en nuestro corazón  nos ayudará, de nuestro padre Abraham, a quien se le prometió la herencia, es decir, tener un hijo a los 100 años. Dice el apóstol Pablo: ‘Crean’ y con esto fue justificado. La fe y ‘se puso en camino’: fe y hacer de todo para llegar a aquella gracia que estoy pidiendo. El Señor nos ha dicho: ‘Pidan y les será dado’. Tomemos también esta Palabra y tengamos confianza, pero siempre con fe y poniéndose en juego. Éste es el coraje que tiene la oración cristiana. Si una oración no es valerosa no es cristiana”.


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El Papa Francisco saluda al pueblo chileno y al peruano, pocos días antes de emprender su Viaje Apostólico «como peregrino de la alegría del Evangelio»

Cecilia de Malak – Ciudad del Vaticano

Saludando afectuosamente a los hermanos y hermanas de Chile y Perú, con el anhelo de compartir «la paz del Señor» y de «confirmarlos en una misma esperanza», el Obispo de Roma expresa su deseo de encontrarlos.

No están solos, el Papa está con ustedes y la Iglesia los acoge

Tras recordar que conoce la historia de sus países, «fraguada con tesón, entrega»  el Sucesor de Pedro alienta la acción de gracias por la fe y el amor a Dios y a los hermanos más necesitados, en especial a los descartados:

«Quiero hacerme partícipe de las alegrías de ustedes, las tristezas, de sus dificultades y esperanzas, y decirles que no están solos, que el Papa está con ustedes, que la Iglesia entera los acoge, que la Iglesia los mira».

La paz de Dios, que Cristo nos regala y el amparo de la Virgen

El video mensaje pontificio alienta al encuentro con Cristo resucitado para misionar su paz y esperanza y su deseo de confirmar en la fe compartida, celebrada y entregada, afianzada en la misericordia.

Antes de su «¡Hasta pronto!», el Papa encomienda el Viaje Apostólico y las «intenciones que llevamos en el corazón» a la Virgen, Madre de América. 

Texto del video mensaje del Papa

«Hermanos y hermanas de Chile y Perú:

Ante la proximidad de mi Viaje a esas tierras los saludo afectuosamente. Voy hacia ustedes como peregrino de la alegría del Evangelio, para compartir con todos «la paz del Señor» y «confirmarlos en una misma esperanza». Paz y esperanza, compartidas entre todos.

Deseo encontrarme con ustedes, mirarlos a los ojos, ver sus rostros y poder entre todos experimentar la cercanía de Dios, su ternura y misericordia que nos abraza y consuela.

Conozco la historia de sus países, fraguada con tesón, entrega; deseo, con ustedes, dar gracias a Dios por la fe y el amor a Dios y a los hermanos más necesitados, especialmente por el amor que ustedes tienen hacia aquellos que están descartados de la sociedad. La cultura del descarte cada vez nos ha invadido más. Quiero hacerme partícipe de las alegrías de ustedes, las tristezas, de sus dificultades y esperanzas, y decirles que no están solos, que el Papa está con ustedes, que la Iglesia entera los acoge, que la Iglesia los mira.

Con ustedes deseo experimentar la paz que viene de Dios, tan necesaria; solo Él nos la puede dar. Es el regalo que Cristo nos hace a todos, el fundamento de nuestra convivencia y de la sociedad; la paz se sostiene en la justicia y nos permite encontrar instancias de comunión y armonía. Hay que pedirla constantemente al Señor y el Señor la da. Es la paz del Resucitado que trae la alegría y nos impulsa para ser misioneros, reavivando el don de la fe que nos lleva al encuentro, a la comunión compartida de una misma fe celebrada y entregada.

Ese encuentro con Cristo resucitado nos confirma en la esperanza. No queremos estar anclados a las cosas de este mundo, nuestra mirada va mucho más allá, nuestros ojos están puestos en Su misericordia que cura nuestras miserias. Solo Él nos da el empuje para levantarnos y seguir. Palpar esta cercanía de Dios nos hace comunidad viva que es capaz de conmoverse con los que están a nuestro lado y dar pasos firmes de amistad y de fraternidad. Somos hermanos que salimos al encuentro de los demás para confirmarnos en una misma fe y esperanza.

Pongo en las manos de la Virgen Santa, Madre de América, este Viaje Apostólico y todas las intenciones que llevamos en nuestro corazón, para que sea ella, como buena Madre, quien las acoja y nos enseñe el camino hacia su Hijo.

¡Hasta muy pronto! Y, por favor, no se olviden de rezar por mí. ¡Hasta pronto!»

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En el tradicional encuentro con el Cuerpo Diplomático ante la Santa Sede para el intercambio de felicitaciones de comienzos de año, el Papa Francisco hizo hincapié en los derechos inalienables de la persona humana

Cecilia de Malak – Ciudad del Vaticano

En su denso discurso,  el Obispo de Roma se refirió a los desafíos y esperanzas que interesan a la familia humana, recordó sus Viajes Apostólicos en 2017 y, con el telón de fondo del centenario del final de la Primera Guerra Mundial, en 2018, quiso dedicar el encuentro a la Declaración Universal de los Derechos Humanos, en el 70 aniversario de su aprobación por parte de Naciones Unidas.

Libertad, justicia y paz se asientan en la dignidad y los derechos humanos

El Papa habló del derecho a la vida, a la libertad religiosa y de la inviolabilidad de toda persona humana. Del derecho a la salud y a los cuidados sanitarios. De la importancia de trabajar activamente por la paz, de promover el desarme completo y el desarrollo integral. Del diálogo y las negociaciones para resolver diferencias y conflictos. Del respeto de las minorías religiosas, entre las que se encuentran los cristianos. De la violencia y el terrorismo. De la familia, los migrantes, el trabajo, el medio ambiente.

Viajes Apostólicos en 2017

El recuerdo de los países que visitó y el anhelo de la Santa Sede en relación con las Autoridades civiles de favorecer el bienestar espiritual y material de la persona humana y la promoción del bien común:

«Son expresión de esta solicitud los viajes apostólicos que realicé el año pasado en Egipto, Portugal, Colombia, Myanmar y Bangladés.

A Portugal fui como peregrino, cuando se cumplía el centenario de las apariciones de la Virgen en Fátima, para celebrar la canonización de los pastorcitos Jacinta y Francisco Marto. Allí pude constatar la fe llena de entusiasmo y alegría que la Virgen María suscitó en muchos de los peregrinos venidos para dicha ocasión.

También en Egipto, Myanmar y Bangladés pude reunirme con las comunidades cristianas locales que, aunque numéricamente escasas, son dignas de aprecio por su contribución al desarrollo y a la convivencia civil de sus respectivos países. No faltaron los encuentros con los representantes de otras religiones, demostrando cómo las particularidades de cada una no son un obstáculo para el diálogo, sino la savia que lo alimenta con el deseo común de conocer la verdad y practicar la justicia.

Por último, en Colombia deseé bendecir los esfuerzos y la valentía de ese amado pueblo, marcado por un vivo anhelo de paz tras más de medio siglo de conflicto interno».

La Declaración Universal de los Derechos Humanos y la perspectiva cristiana

Tras recordar que «la libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana», el Papa señaló su deseo de centrar su discurso en la Declaración Universal de los Derechos Humanos:

«Quisiera dedicar nuestro encuentro de hoy a este documento importante, cuando se cumplen setenta años desde su adopción por parte de la Asamblea General de las Naciones Unidas, que tuvo lugar el 10 de diciembre de 1948. Para la Santa Sede hablar de derechos humanos significa, ante todo, proponer la centralidad de la dignidad de la persona, en cuanto que ha sido querida y creada por Dios a su imagen y semejanza. El mismo Señor Jesús, curando al leproso, devolviendo la vista al ciego, deteniéndose con el publicano, perdonando la vida a la adúltera e invitando a preocuparse del caminante herido, nos ha hecho comprender que todo ser humano, independientemente de su condición física, espiritual o social, merece respeto y consideración. Desde una perspectiva cristiana hay una significativa relación entre el mensaje evangélico y el reconocimiento de los derechos humanos, según el espíritu de los redactores de la Declaración Universal de los Derechos Humanos».

Promover diálogo, encuentro,  reconciliación, desarrollo integral de los pueblos

Invitando a impulsar el diálogo y la negociación para superar y resolver los conflictos y diferencias,  en lo que en varias ocasiones ha calificado como tercera guerra mundial a trozos, el Santo Padre recordó Ucrania, la península coreana, Siria, Irak, Yemen, Afganistán, las recientes tensiones entre israelíes y palestinos, el status quo de Jerusalén, el continente africano.

Sin olvidar Venezuela:

«También dentro de contextos nacionales, la apertura y la disponibilidad del encuentro son esenciales. Pienso especialmente en la querida Venezuela, que está atravesando una crisis política y humanitaria cada vez más dramática y sin precedentes. La Santa Sede, mientras que exhorta a responder sin demora a las necesidades primarias de la población, desea que se creen las condiciones para que las elecciones previstas durante el año en curso logren dar inicio a la solución de los conflictos existentes, y se pueda mirar al futuro con renovada serenidad».

La familia: elemento natural y fundamental de la sociedad

Después de haber recordado las zonas afectadas por la guerra con la inevitable consecuencia de la perdida de seres queridos, el Santo Padre dedicó un recuerdo especial a las familias y al derecho que tienen a la protección por parte de la sociedad y del Estado, como lo señala el artículo 16 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. “Por desgracia – señaló el Pontífice – se sabe que la familia, especialmente en Occidente, está considerada como una institución superada. Frente a la estabilidad de un proyecto definitivo, hoy se prefieren vínculos fugaces. Pero una casa construida sobre la arena de los vínculos frágiles e inconstantes no se mantiene en pie”.

Antes esta situación, el Papa Francisco indicó que, se necesita más bien la roca, sobre la que se establecen cimientos sólidos. Y la roca es precisamente esa comunión de amor, fiel e indisoluble, que une al hombre y a la mujer, una comunión que tiene una belleza austera y sencilla, un carácter sagrado e inviolable y una función natural en el orden social. “Considero por eso urgente – puntualizó el Papa – que se lleven a cabo políticas concretas que ayuden a las familias, de las que por otra parte depende el futuro y el desarrollo de los Estados. Sin ellas, de hecho, no se pueden construir sociedades que sean capaces de hacer frente a los desafíos del futuro”.

Otras consecuencias del desinterés por las familias

En este sentido, indicó el Obispo de Roma, el desinterés por las familias trae además otra dramática consecuencia, como es la caída de la natalidad. “Estamos ante un verdadero invierno demográfico dijo, y esto es un signo de sociedades que tienen dificultad para afrontar los desafíos del presente y que, volviéndose cada vez más temerosas con respecto al futuro, terminan por encerrarse en sí mismas”.

Al mismo tiempo, señaló el Papa, no podemos olvidar la situación de las familias rotas a causa de la pobreza, de las guerras y las migraciones. “Con demasiada frecuencia, tenemos ante nuestros ojos el drama de niños que cruzan solos los confines que separan al norte del sur del mundo, muchas veces víctimas del tráfico de seres humanos”.

Migrantes y migraciones

Hoy se habla mucho de migrantes y migraciones, dijo el Papa Francisco a los Diplomáticos, y no hay que olvidar que las migraciones han existido siempre. Tampoco hay que olvidar que la libertad de movimiento, como la de dejar el propio país y de volver a él, pertenece a los derechos humanos fundamentales como lo señala el artículo 13 de la Declaración Universal de los derechos Humanos.

Esto ha sido lo que he querido reafirmar con el Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, recordó el Pontífice, celebrado el pasado 1 de enero, dedicado a: «Migrantes y refugiados: hombres y mujeres que buscan la paz». En este sentido, el ejercicio de la virtud de la prudencia es necesario para que los gobernantes sepan acoger, promover, proteger e integrar, estableciendo medidas prácticas que, “respetando el recto orden de los valores, ofrezcan al ciudadano la prosperidad material y al mismo tiempo los bienes del espíritu”.

Solidaridad con los migrantes

Por ello, señaló el Sucesor de Pedro, deseo una vez más agradecer a las autoridades de aquellos Estados que se han prodigado en estos años en ofrecer ayuda a los numerosos emigrantes llegados a sus fronteras. Pienso sobre todo en el esfuerzo de no pocos países en Asia, África y en América, que acogen y ayudan a numerosas personas.

Deseo además, afirmó el Papa, dar las gracias de modo especial a Italia que en estos años ha mostrado un corazón abierto y generoso, y ha sabido ofrecer también ejemplos positivos de integración. “Igualmente, expreso mi aprecio por los esfuerzos realizados por otros Estados europeos, especialmente Grecia y Alemania. No hay que olvidar que muchos refugiados y emigrantes buscan alcanzar Europa porque saben que allí pueden encontrar paz y seguridad, las cuales son por otra parte fruto de un largo camino alumbrado por los ideales de los Padres fundadores del proyecto europeo después de la Segunda Guerra Mundial”.

Europa, agregó el Pontífice, debe sentirse orgullosa de este patrimonio, basado en principios firmes y en una visión del hombre que ahonda sus raíces en su historia milenaria, inspirada en la concepción cristiana de la persona humana. “La llegada de los inmigrantes – señaló – debe estimularla a redescubrir su propio patrimonio cultural y religioso, de tal manera que, adquiriendo nueva conciencia de los valores sobre los que está edificada, pueda mantener viva al mismo tiempo su propia tradición y seguir siendo un lugar de acogida, heraldo de paz y desarrollo”.

La Santa Sede y la inmigración

En este sentido, la Santa Sede al igual que los gobiernos, las organizaciones internacionales y la sociedad civil busca el modo más conveniente de responder al movimiento migratorio y a las situaciones que todavía afectan a los refugiados. “La Santa Sede – precisó el Pontífice – espera que estos esfuerzos, con las negociaciones que pronto comenzarán, darán unos resultados que sean dignos de una comunidad mundial cada vez más interdependiente, fundada en los principios de la solidaridad y la ayuda mutua”.

En el Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz de este año, sugerí – señaló el Papa – cuatro «piedras angulares» para la acción: acoger, proteger, promover e integrar. “Me gustaría centrarme en particular en esta última, sobre la que existen posiciones contrapuestas en virtud de diferentes evaluaciones, experiencias, preocupaciones y convicciones”.

La integración – afirmó el Papa Francisco – es «un proceso bidireccional», con derechos y deberes recíprocos. Todo proceso de integración debe mantener siempre, como aspecto central de la regulación de los diversos aspectos de la vida política y social, la protección y la promoción de las personas, especialmente de aquellas que se encuentran en situación de vulnerabilidad.

Por ello, la Santa Sede no tiene la intención de interferir en las decisiones que corresponden a los Estados, que a la luz de sus respectivas situaciones políticas, sociales y económicas, así como de sus propias capacidades y posibilidades de recepción e integración, tienen la responsabilidad principal de la acogida.

Derecho a la libertad de pensamiento y libertad religiosa

En este ámbito de la integración, dijo el Obispo de Roma, uno de los derechos humanos sobre el que me gustaría hoy llamar la atención es el derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión, que incluye la libertad de cambiar de religión. “Se sabe por desgracia – afirmó – que el derecho a la libertad religiosa, a menudo, no se respeta y la religión con frecuencia se convierte en un motivo para justificar ideológicamente nuevas formas de extremismo o un pretexto para la exclusión social, e incluso para la persecución en diversas formas de los creyentes”.

La condición para construir sociedades inclusivas está en una comprensión integral de la persona humana, que se siente verdaderamente acogida cuando se le reconocen y aceptan todas las dimensiones que conforman su identidad, incluida la religiosa.

Derecho al trabajo

Por último, señaló el Papa a los Embajadores, me gustaría recordar la importancia del derecho al trabajo. “No hay paz ni desarrollo si el hombre se ve privado de la posibilidad de contribuir personalmente, a través de su trabajo, en la construcción del bien común”. Es triste ver cómo el trabajo en muchas partes del mundo es un bien escaso, evidencia el Papa y hay pocas oportunidades para encontrar trabajo, especialmente para los jóvenes. Con frecuencia resulta fácil perderlo, no sólo por las consecuencias de la alternancia de los ciclos económicos, sino también por el recurso progresivo a tecnologías y maquinarias cada vez más perfectas y precisas que reemplazan al hombre.

Los datos publicados recientemente por la Organización Mundial del Trabajo, sobre el aumento del número de niños empleados en actividades laborales y sobre las víctimas de nuevas formas de esclavitud, son también un motivo de especial preocupación. “El flagelo del trabajo infantil – afirmó – pone en peligro seriamente el desarrollo psicofísico de los niños, privándolos de la alegría de la infancia, cosechando víctimas inocentes”.

No podemos pretender que se plantee un futuro mejor, afirmó el Obispo de Roma, ni esperar que se construyan sociedades más inclusivas, si seguimos manteniendo modelos económicos orientados a la mera ganancia y a la explotación de los más débiles, como son los niños. “La eliminación de las causas estructurales de este flagelo – señaló – debería ser una prioridad para los gobiernos y las organizaciones internacionales, que están llamados a intensificar sus esfuerzos para adoptar estrategias integradas y políticas coordinadas, destinadas a acabar con el trabajo infantil en todas sus formas”.

El cuidado de nuestra Tierra

Antes de concluir sus saludos a los miembros del Cuerpo Diplomático acreditados ante la Santa Sede, el Papa Francisco recordó que, el reclamo a los derechos de todo ser humano debe tener en cuenta que cada uno es parte de un cuerpo más grande. Y entre los deberes particularmente urgentes en la actualidad se encuentra el cuidado de nuestra Tierra.

Sabemos que la naturaleza puede ser cruenta, dijo el Papa, incluso cuando no es responsabilidad del hombre, recordó los terremotos que han golpeado en los últimos meses en México e Irán, provocando numerosas víctimas, así como con la fuerza de los huracanes que han afectado a varios países del Caribe alcanzando las costas estadounidenses, y que, aún más recientemente, han golpeado Filipinas. “Por lo tanto, concluyó el Papa, es necesario afrontar, con un esfuerzo colectivo, la responsabilidad de dejar a las generaciones siguientes una Tierra más bella y habitable, trabajando a la luz de los compromisos acordados en París en 2015, para reducir las emisiones a la atmósfera de gases nocivos y perjudiciales para la salud humana”.

Con estas consideraciones, finalizó el Papa Francisco, les renuevo a cada uno de ustedes, a sus familias y a sus pueblos, mi deseo de un año lleno de alegría, esperanza y paz. Gracias.

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La tarde del viernes 5 de enero, en torno a las 15:00 horas,  el Papa Francisco visitó el Hospital pediátrico Bambino Gesú en la sede de la localidad italiana de Palidoro, a unos 30 kilómetros de Roma, donde saludó y conversó con varios niños acompañados por sus padres, así como con los trabajadores y el equipo médico; prosiguiendo, de esta manera, con la iniciativa conocida como Viernes de la Misercordia que han caracterizado el pasado Año Jubilar.

En vísperas de la solemnidad de la Epifanía del Señor, el Santo Padre ha querido compartir con estos “pequeños pacientes”, una tarde de alegría, sonrisas y sobre todo mucha esperanza, animándolos a perseverar en el camino de esta difícil prueba de la vida.

La fundación de esta sede hospitalaria en Palidoro se remonta al año 1978 y nace como donación del Papa Pablo VI, quien encargó al hospital Bambino Gesú la gestión de esta nueva obra pontificia especializada en la cura de la poliomelitis, una enfermedad infecciosa también conocida como “polio”, que afecta principalmente al sistema nervioso y que actualmente se encuentra casi erradicada gracias a la implementación de la vacunación universal contra esta afección.

Fue el propio Pablo VI quien comprendió desde el inicio, que la vocación sanitaria de esta estructura podía ser conducida hacia nuevas direcciones, y progresivamente se instituyeron pabellones para tratamientos ortopédicos, de diabetes, cirugías, oculista y otorrinolaringología.

“ El hospital nació como donación de Pablo VI quien comprendió desde el inicio, que la vocación sanitaria de esta estructura podía conducir hacia nuevas direcciones ”

La labor del hospital en cifras

Han pasado ya décadas desde su creación y actualmente este hospital cuenta con un servicio de urgencias de múltiples especialidades, con servicio de reanimación, neuroestabilización, salas de cirugías, así como servicio de diagnóstico por imágenes.

La actividad fundamental de esta institución está dirigida a los recién nacidos, niños y adolescentes afectados por enfermedades neurológicas complejas e invalidantes. Asimismo el recinto garantiza anualmente,  7.200 puestos para pacientes de recuperación ordinaria, 10.500 de internación diaria, 4.700 de recuperación tras una cirugía, y cerca de 360.000 servicios de ambulancias.

El 24 % de los niños atendidos en la sede Palidoro provienen fuera de la región de la Lazio, mientras que el 57% de los pacientes regionales, son de las periferias de Roma así como de otras provincias.

El encuentro culminó entre sonrisas y aplausos de los niños que agradecieron con mucho cariño la visita del Papa.

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Esteban testimonia el mensaje incómodo de Jesús

Evocando la fe de Esteban, lleno de Espíritu Santo, el Papa recordó que al primer mártir los jefes de su pueblo lo acusan de haber afirmado que ese Jesús de Nazaret iba a destruir el templo de Jerusalén y cambiar las tradiciones que les había dado Moisés:

“ El mensaje de Jesús es incómodo y nos incomoda, porque desafía el poder religioso mundano y provoca las conciencias. Después de su venida, es necesario convertirse, cambiar mentalidad, renunciar a pensar como antes, cambiar, convertirse. Esteban permaneció anclado al mensaje de Jesús hasta la muerte. Sus últimos ruegos: ‘Señor Jesús, recibe mi espíritu’ y ‘Señor, no les tengas en cuenta este pecado’ (Hch 7,50-60) estos dos ruegos son eco fiel de las palabras pronunciadas por Jesús en la cruz: ‘Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu’ (Lc 23, 46) y ‘Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen’ (34) ”

Cristo es el único mediador entre Dios y los hombres

Tras hacer hincapié en que las palabras de Esteban son posibles solamente porque el Hijo de Dios ha venido a la tierra y ha muerto y resucitado por nosotros y que antes de estos eventos eran expresiones humanamente impensables, el Papa Francisco invitó a contemplar al Niño Dios:

«También nosotros, ante el Niño Jesús en el pesebre, le podemos rezar así: Señor Jesús, te encomendamos nuestro espíritu, recíbelo’ para que nuestra existencia sea verdaderamente una vida buena según el Evangelio».

“Jesús es nuestro mediador y nos reconcilia no sólo con el Padre, sino también entre nosotros. Él es manantial del amor, que nos abre a la comunión con los hermanos, a amarnos entre nosotros, eliminando todo conflicto y resentimiento ¡Sabemos qué cosa fea son los resentimientos, hacen tanto daño y nos hacen tanto daño! Y Jesús elimina todo esto y hace que nos amemos. Éste es el milagro de Jesús. Pidamos a Jesús, nacido por nosotros, que nos ayude a asumir esta dúplice actitud de confianza en el Padre y de amor al prójimo; es una actitud que transforma la vida y la hace más bella y fructuosa.”