HAZME UN INSTRUMENTO DE TU PAZ
En este mes celebramos la vida de tantos grandes hombres y mujeres que han llegado a la gloria como San Francisco de Asís (día 4), Santa Teresa de Jesús (día 15), y más.
La Iglesia reconoce a los santos por su testimonio de cómo vivieron una vida más cercana a Cristo, esto significa que, el verdadero creyente es quien lo imita; y esto consiste en vivir el Evangelio y no solo ser católico de nombre. El verdadero católico debe haber tenido una metanoia, que es una conversión, un encuentro con Jesús que transforma vidas; y allí está el poder de llegar a ver la luz y la vida en un alto nivel. Yo recuerdo esa noche, en la santa Misa, cuando tuve mi metanoia, mi conversión. Desde ese día pude verme diferente al igual que a mi familia, con más valor; pude sentir compasión por todos mis hermanos católicos porque me vi a mí mismo y dije: ahora puedo sentir la presencia de Dios, su paz, su gozo; entonces valoré más la vida y pensé: qué triste el que mis hermanos estén como yo estaba, sin entender la verdadera vida que es más grande que la presente. Allí decidí, como lo vengo haciendo hasta hoy, compartir con usted que la vida verdadera está en Cristo. Por eso los santos que tenemos en la Iglesia no solo están para pedirles algo, no solo para ser patronos, sino para ser ejemplo de vida en la vivencia de la Palabra de Dios; a ellos los tenemos no para ser adorados, sino para ser venerados. Y la Iglesia nos los propone como ejemplo de la forma en que vivieron la vida, con su amor a Dios y a los demás. Claro está que podemos pedirles que intercedan por nosotros, pero también es importante ver cómo los podemos imitar. Quien realmente diga que su patrono o patrona es tal santo, debe ser porque lo imita; quien no lo haga, realmente no le ama; es solo devoción sin autenticidad. San Francisco de Asís fue un joven que tuvo un gran metanoia, una conversión que lo convenció de dejar el materialismo y se dedicó a servir a los más pobres, no solo pobres de lo material, sino a los más pobres, aquellos que no han conocido a Cristo.
Primeramente, Dios, tendremos el Congreso de Jóvenes CDJ, este 10 y 11 de octubre. Oramos para que Dios mueva los corazones a fin de que todos podamos invitar y llevar a jóvenes adultos a los pies de Cristo; para que, igual que San Francisco, que tuvo su propio encuentro, así lo experimenten los jóvenes asistentes. Confiamos en Dios que en este CDJ tendremos la asistencia de miles de participantes que también vivirán su experiencia de METANOIA. Hoy, millones de jóvenes están muy distraídos, y miles llegan a perder el sentido de la vida; por eso los suicidios siguen siendo una de las muertes más comunes entre ellos.
Veamos a lo que nos invita San Francisco de Asís: a vivir el Evangelio. Si lo creemos y lo aplicamos, viviremos la alegría que guarda la Palabra de Dios. Así se entiende por qué el Papa Francisco decidió elegir el nombre de este gran santo durante su pontificado, por su manera de vivir la alegría del Evangelio.
San Francisco fue un hombre que renunció a todo para seguir a Cristo. Amó a los pobres, abrazó la naturaleza como don de Dios y buscó siempre vivir en fraternidad con todos. En su oración pidió ser instrumento que reflejara esa vida: un anhelo de ser instrumento del Señor, no protagonista, sino herramienta dócil en sus manos. reconciliación. En un mundo lleno de divisiones, familias heridas y corazones rotos, esta plegaria es una invitación a dejar que el amor de Dios fluya a través de nosotros.
Señor, hazme instrumento de tu paz. Donde haya odio, que yo lleve amor. Donde haya ofensa, que yo lleve perdón. Donde haya discordia, que yo lleve unión. Donde haya duda, que yo lleve fe. Donde haya error, que yo lleve verdad. Donde haya desesperación, que yo lleve esperanza. Donde haya tristeza, que yo lleve alegría. Donde haya tinieblas, que yo lleve luz. Oh Maestro, que no busque tanto ser consolado como consolar, ser comprendido como comprender, ser amado como amar. Porque dando se recibe, perdonando se es perdonado y muriendo se resucita a la vida eterna. Amén.
Reflexionemos en estas palabras que brotaron de su corazón y hágamoslas propias; con esta oración pedimos a Jesús que nos convierta en sembradores de paz y reconciliación. En un mundo lleno de divisiones, familias heridas y corazones rotos, esta plegaria es una invitación a dejar que el amor de Dios fluya a través de nosotros.
Señor, hazme instrumento de tu paz. Donde haya odio, que yo lleve amor. Donde haya ofensa, que yo lleve perdón. Donde haya discordia, que yo lleve unión. Donde haya duda, que yo lleve fe. Donde haya error, que yo lleve verdad. Donde haya desesperación, que yo lleve esperanza. Donde haya tristeza, que yo lleve alegría. Donde haya tinieblas, que yo lleve luz. Oh Maestro, que no busque tanto ser consolado como consolar, ser comprendido como comprender, ser amado como amar. Porque dando se recibe, perdonando se es perdonado y muriendo se resucita a la vida eterna. Amén.
Que el Señor nos haga ser una Iglesia en salida, a fin de no quedarnos encerrados, sin salir en misión. Esto nos lo dejó en herencia el Papa Francisco. También Santa Teresa de Jesús nos dejó un poderoso ejemplo de fe que se muestra en estas palabras:
Nada te turbe,
nada te espante,
todo se pasa,
Dios no se muda,
la paciencia todo lo alcanza,
quien a Dios tiene,
nada le falta,
sólo Dios basta.
¡Qué poderosa es la fe! Ella es una mujer que cree totalmente en Dios, sin temor.
Para concluir le invito hacer una oración:
Señor Jesucristo, al estilo de San Francisco de Asís, quiero ser instrumento de tu paz. Enséñame a amar sin medida, a perdonar sin condiciones, a sembrar esperanza en la desesperación y a ser luz en medio de las tinieblas. Haz que mi vida sea un canto de amor, un testimonio de tu misericordia y una entrega constante a los demás. Que siguiendo el ejemplo de San Francisco, viva con sencillez, alegría y confianza total en Ti. Señor, hazme instrumento de tu paz, hoy y siempre. Amén.
Desde hoy pido y agradezco la generosidad de mujeres y hombres de fe que en cada Jornada que llevamos a cabo se unen a esta misión de continuar llevando la Buena Noticia a millones de personas. Tantos testimonios de vidas transformadas por el poder de la Palabra nos dan certeza del camino recorrido; y todo esto es gracias a su confianza y apoyo. Pido a Dios que continuemos siendo instrumentos de paz para este mundo tan necesitado. Les recuerdo que soy un voluntario y también soy colaborador como usted.
Que el Señor les multiplique el ciento por uno, y pido que Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo le bendiga a usted y su familia, y que Santa María de Guadalupe les cubra con su manto de Amor.

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