LA SEMANA MÁS PODEROSA DE SUFRIMIENTO  DE VICTORIA

 

Como católicos, cada año vivimos esta memoria de la Semana Santa y es cuando más católicos van a los templos.

Si Jesús solo hubiese vivido y si solo hubiese fallecido, lo más probable es que él hubiese quedado solo como un personaje más de la historia, así como hay muchos personajes que dejaron su huella por los siglos hasta hoy. Podemos mencionar, por ejemplo, a filósofos que dejaron huella por su forma de pensar: Sócrates, Platón y Aristóteles. Así estaríamos al igual hoy, al hablar de Jesús, diríamos que fue un hombre que en su tiempo sanó a enfermos y expulsó malos espíritus, etc. Sin embargo, en su última semana antes de que viviera su sacrificio y muerte en la cruz, siendo atestiguado por miles de personas que pudieron ver y saber de la muerte más severa de ese entonces, Jesús ya había anunciado en varias ocasiones a sus discípulos mientras caminaba con ellos por los pueblos, que iba a sufrir, pero también les anunciaba que vencería a la muerte. Aquí están sus palabras dirigidas a sus discípulos: Cuando Jesús subía hacia Jerusalén, tomó aparte a los Doce [discípulos] y por el camino les dijo: —Miren, subimos a Jerusalén, y el Hijo del Hombre será entregado a los sumos sacerdotes y letrados que lo condenarán a muerte. Lo entregarán a los paganos para que lo maltraten, lo azoten y lo crucifiquen. Al tercer día resucitará. (Mt 20, 17-19) ¡Aquí podemos ver que él ya anunciaba lo que iba a padecer, pero aquí hay que reconocer lo que al final dice: que resucitaría al tercer día! Jesús pasó por todo esto durante esa semana, donde fue arrestado y después juzgado, para luego ser llevado al matadero, es decir, al Calvario, ese lugar destinado para este tipo de muertes. Cada año la Iglesia nos lleva a recordar y entender lo que significa esa semana santa. El Viernes Santo se nos recuerda cómo fue su sacrificio y muerte en la cruz. Sus enemigos creyeron que ya se había terminado la vida de Jesús y que ya no atraería más multitudes a seguirlo; sin embargo, la mayoría de todos los que lo vieron morir no podían creer que él venciera la muerte. Por lo tanto, nos dicen las Sagradas Escrituras que el domingo por la mañana llegó María Magdalena, una mujer que había sido liberada por Jesús de malos espíritus, encontrando que la tumba estaba vacía: el primer día de la semana, muy temprano, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena va al sepulcro y observa que la piedra está retirada del sepulcro. Llega corriendo a donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, el que era muy amigo de Jesús, y les dice: —Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto. (Jn 20, 1-2) Más adelante el mismo Jesús le dice: —Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas? Ella, creyendo que era el jardinero, le dice: —Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo iré a buscarlo. Jesús le dice: —¡María! Ella se vuelve y le dice en hebreo: —Rabbuni –que significa maestro–. Le dice Jesús: —Déjame, que todavía no he subido al Padre. Ve a decir a mis hermanos: Subo a mi Padre, el Padre de ustedes, a mi Dios, el Dios de ustedes. María Magdalena fue a anunciar a los discípulos: —He visto al Señor y me ha dicho esto. (Jn 20, 15-18) ¡¡Aquí ella se convierte en la primera testigo y evangelizadora porque es enviada a decirle a los discípulos que Jesús estaba vivo!!

Jesús con su resurrección demostró que la muerte física no es el fin de la vida y que Dios Padre que nos formó en el vientre de nuestra madre tiene el poder de resucitarnos. Jesús ya lo había dicho al decir: Yo soy el pan vivo bajado del cielo. Quien coma de este pan vivirá siempre. El pan que yo doy para la vida del mundo es mi carne. (Jn 6, 51)

Él le dijo a Martha hermana de Lázaro estas palabras que para mí han sido tan poderosas que me confirman cada vez que las leo, que Jesús tiene el poder de ofrecernos la vida eterna si creemos en él. Él dijo: Yo soy la resurrección y la vida. Quien cree en mí, aunque muera, vivirá; y quien vive y cree en mí no morirá para siempre. ¿Lo crees? (Jn 11, 25-26) Esta es la gran victoria de nosotros los cristianos, por eso se llenan las iglesias el Domingo de Resurrección y eso es muy lindo, pero las siguientes semanas esas multitudes ya no van a misa y en esto podemos ver que solo son devotos de esos días de la Semana Santa, pero no reconocen que Jesús murió para que ninguno se quede con la muerte eterna, que es morir sin Dios y terminar en el fuego del infierno, ocurriendo una muerte doble, la muerte física y la muerte eterna; en cambio, quienes hemos creído en su resurrección y vivimos la vida que Jesús nos enseña, entonces viviremos esta vida temporal con muchas bendiciones y la muerte física no la veremos como el final, porque hemos puesto nuestra confianza en el que todo lo puede, y si el venció la muerte, entonces le ha mostrado al mundo que quienes crean en él, la vencerán, pues así como hay dos muertes también hay dos resurrecciones del creyente: la primera es el Metanoia, la conversión, pues así como Jesús le dijo a un hombre llamado Nicodemo que era necesario nacer de nuevo: —Te aseguro que, si uno no nace de nuevo, no puede ver el reino de Dios. Le responde Nicodemo: —¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Podrá entrar de nuevo en el vientre materno para nacer? Le contestó Jesús: —Te aseguro que, si uno no nace del agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. De la carne nace carne, del Espíritu nace espíritu. No te extrañes si te he dicho que hay que nacer de nuevo. (Jn 3, 3-7), así nosotros debemos nacer de nuevo. Y, ¿qué significa nacer de nuevo? Dejar la muerte espiritual y resucitar a una nueva vida por medio de un Metanoia, conversión, un Encuentro con Jesús, esto es lo que nos llevará a la segunda resurrección que será la vida eterna, que es llegar al cielo para tener la vida para siempre.

He conocido a personas que han vivido sus últimos días enfermos y sufriendo, pero los pude ver con la esperanza que detrás de su muerte estarían en un lugar en el cielo, sabiendo que, aunque les llegara la muerte, no era su fin; allí es donde se cree y se confía en lo que dijo nuestro Salvador. Él ya había dicho: en la casa de mi Padre hay muchas habitaciones; si no fuera así lo habría dicho, porque voy a prepararles un lugar. Cuando haya ido y les tenga preparado un lugar, volveré para llevarlos conmigo, para que donde yo esté, estén también ustedes (Jn 14, 2-3) Aquí podemos entender por qué los apóstoles y los primeros cristianos, Mártires de nuestra Iglesia dieron su vida creyendo en Jesús, no creían que la muerte con la que estaban amenazados fuera su fin; también la vida de los Santos y Santas nos deja un testimonio de vida eterna. Nuestros seres queridos que ya no están con nosotros, pero que creyeron en Jesús y que en sus últimos segundos de vida se arrepintieron, están en vida eterna, por eso decimos que descansen en paz y que luzca para ellos la luz perpetua. Y por eso mismo los Cristeros decían: ¡¡Viva Cristo Rey!! ¡¡Ellos no dejaron de creer en Jesucristo que es la resurrección y vida eterna!! Ellos sabían que, aunque iban a morir, iban a tener vida eterna, por eso dieron sus vidas y Jesús los recibió en el reino de Dios. San Pablo dijo: Si Cristo no resucito, vana es nuestra fe. (1 Cor 15,14) ¡¡La tumba está vacía!! ¡¡Jesús ha resucitado!! ¡¡Jesús está vivo!!

El 3 de abril inicio mi servir al Señor y desde entonces seguimos anunciando que en Jesús está la vida abundante y la vida eterna. Desde entonces El Sembrador Nueva Evangelización es un medio para que ‘ninguna alma se pierda y todas se salven
Por último, quiero compartirles que recientemente tuve una audiencia privada con su santidad el Papa León XIV, por lo que les agradezco sus oraciones por este viaje. Ha sido una maravillosa experiencia haber podido conversar con el Sucesor de Pedro y pedir su bendición por este apostolado y para cada uno de ustedes que son parte de esta misión. Él ya sabe de nosotros y conoce quién es ESNE, animándome a que sigamos adelante con la evangelización. Gracias por todo su apoyo sembradores.

Elevo mis oraciones a Dios para que este tiempo de Cuaresma que concluye con la Semana Santa, traiga a sus vidas los auxilios espirituales necesarios para seguir en este peregrinar camino a la morada que Jesús nos tiene reservada a quienes abrimos el corazón a su Palabra. Que María Santísima Nuestra Madre nos proteja en su regazo y su Hijo Jesús Resucitado nos muestre siempre su rostro glorioso. Amén.

Noel Díaz
Noel Díaz

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