LA IGLESIA EN SALIDA ES LA COMUNIDAD DE DISCÍPULOS MISIONEROS
Las palabras que dan título a la carta de este mes son del Papa Francisco y están presentes en su primer Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium (EG). Desde su inicio como Sucesor del apóstol Pedro, su corazón manifiesta la importancia de lo que debe ser la misión de la Iglesia, que él define con sus palabras: Iglesia en salida. ¿Por qué él inicia reforzando la importancia de SALIR? En este valioso documento nos dice en el numeral 46: La Iglesia «en salida» es una Iglesia con las puertas abiertas. Salir hacia los demás para llegar a las periferias humanas no implica correr hacia el mundo sin rumbo y sin sentido. Muchas veces es más bien detener el paso, dejar de lado la ansiedad para mirar a los ojos y escuchar, o renunciar a las urgencias para acompañar al que se quedó al costado del camino. A veces es como el padre del hijo pródigo, que se queda con las puertas abiertas para que, cuando regrese, pueda entrar sin dificultad. Sin duda, esta decisión de la Iglesia en “salida” es por tener el Papa Francisco una visión clara de los retos que hoy tenemos al ver a millones de personas caídas como el hombre de la parábola del buen samaritano que dejó a continuación:
En esto un doctor de la ley se levantó y, para ponerlo a prueba, le preguntó: —Maestro, ¿qué debo hacer para heredar la vida eterna? Jesús le contestó: —¿Qué está escrito en la ley? ¿Qué es lo que lees? Respondió: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas, con toda tu mente, y al prójimo como a ti mismo. Entonces le dijo: —Has respondido correctamente: obra así y vivirás. Él, queriendo justificarse, preguntó a Jesús: —¿Y quién es mi prójimo? Jesús le contestó: —Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó. Tropezó con unos asaltantes que lo desnudaron, lo hirieron y se fueron dejándolo medio muerto. Coincidió que bajaba por aquel camino un sacerdote y, al verlo, pasó de largo. Lo mismo un levita, llegó al lugar, lo vio y pasó de largo. Un samaritano que iba de camino llegó adonde estaba, lo vio y se compadeció. Le echó aceite y vino en las heridas y se las vendó. Después, montándolo en su cabalgadura, lo condujo a una posada y lo cuidó. Al día siguiente sacó dos monedas, se las dio al dueño de la posada y le encargó: Cuida de él, y lo que gastes de más te lo pagaré a la vuelta. ¿Quién de los tres te parece que se portó como prójimo del que cayó en manos de los asaltantes? Contestó: —El que lo trató con misericordia. Y Jesús le dijo: —Ve y haz tú lo mismo. (Lc 10, 25-37)
Él vio en este mundo, en su tiempo y hasta hoy, millones de seres humanos caídos sangrando, y muchos los ven y no se detienen, inclusive los dos que pasaron y eran religiosos, o sea, eran creyentes en Dios todopoderoso, pero solo vieron y siguieron caminando a pesar de ver a un hombre en el suelo con tanto sufrimiento. Esto, sin duda, ahora que ha pasado el tiempo tras la partida del Papa Francisco, lo vengo meditando, aun mucho más su petición y visión de la Iglesia para que podamos ver a tantos hermanos sufrientes y no ignorar al caído sabiendo que podemos hacer algo por ellos y no pasar de largo. Quien, al pasar ante alguien así, se detiene es un hombre samaritano, uno de esos a quienes los judíos tenían como malas personas, de mala reputación y por esto eran discriminados. Sin embargo, aquí Jesús resaltó que este hombre se detuvo porque se conmovió su corazón al ver al hombre sufriendo. No solo lo miró; se fue acercó hasta él para ayudarlo y fue aún más allá: lo curó con lo que él podía y después lo llevó a que lo atendieran para que se quedara recuperándose y quedó dispuesto para regresar, ver los resultados y liquidar lo que se adeudara a quienes lo atendieron. Esto lo veo ahora más claro: el Papa Francisco hablaba con celo de exhortación a los que nos llamamos católicos y somos parte de la Iglesia fundada por Jesucristo.
En el viaje apostólico que fue a Cuba y México, donde, gracias a Dios, tuve la oportunidad de ser parte de quienes iban en ese vuelo, fue durante ese trayecto cuando, después de (bolearle) lustrarle los zapatos, le pregunté: ¿Qué quiere que yo les diga a mis hermanos, como soy un evangelizador, no un periodista? Él me respondió: diles que SALGAN DE LAS CUEVAS. Sé que esto ya lo he dicho muchas veces, pero conforme va pasando el tiempo, estoy sintiendo más fuerte esto que me pidió y al leer su exhortación apostólica Evangelii Gaudium me ha estado moviendo con más fuerza el corazón al ver el sufrimiento del mundo en el que vivimos. Familias, matrimonios, ancianos, madres y padres solteros, jóvenes, niños y víctimas de abuso, los que tienen adicciones allí atrapados y las guerras por todos lados. Cuántos pobres y enfermos. No solo podemos orar por ellos, sino salir a ayudarles. Una Iglesia en salida fue y es el gran deseo del Papa Francisco y, sin duda, el máximo deseo de Jesús, nuestro Salvador, porque él, antes de ascender al cielo, les confirmó a sus discípulos su misión: Vayan y hagan discípulos entre todos los pueblos, bautícenlos, consagrándolos al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, y enséñenles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Yo estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo.
(Mt 28, 19-20)
Si nuestros hermanos no católicos salen a las calles, Testigos de Jehová, mormones y de otras denominaciones para hablar a la gente que pasa por esos lugares, y si nosotros en las parroquias tenemos misas llenas de miembros, pero solo vamos a misa y no salimos por nuestros hermanos que no van a la Iglesia que son una mayoría, entonces porque no ser una Iglesia en salida, que no solo se queda en las parroquias. En la Palabra de Dios aparece permanentemente este dinamismo de «salida» que Dios quiere provocar en los creyentes. Abraham aceptó el llamado a salir hacia una tierra nueva (cf. Gn 12,1-3). Moisés escuchó el llamado de Dios: «Ve, yo te envío» (Ex 3,10), e hizo salir al pueblo hacia la tierra de la promesa (cf. Ex 3,17). A Jeremías le dijo: «Adondequiera que yo te envíe irás» (Jr 1,7). Hoy, en este «id» de Jesús, están presentes los escenarios y los desafíos siempre nuevos de la misión evangelizadora de la Iglesia, y todos somos llamados a esta nueva «salida» misionera. (EG numeral 20)
Desde hace mucho años, en el ministerio salíamos a las calles cerca de la parroquia de Santo Tomás tocando puertas alrededor del barrio invitándoles a venir a la parroquia y algunos nos expresaban su deseo de que si se les podía hacer oración y eso era lo que se empezó hacer; ahora tenemos que seguir saliendo para visitar enfermos, visitar a los presos, llevarle comida a los que están en las calles, visitar a los ancianos; todo esto es realmente una confirmación de una verdadera conversión, de una metanoia, y es una forma de mostrar nuestro agradecimiento a Jesús por habernos rescatado para tener la vida eterna. Dijo el Papa Francisco: sueño con una opción misionera, capaz de transformarlo todo, para que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial se convierta en un cause adecuado para la evangelización (EG numeral 27)
Salgamos, salgamos a ofrecer a todos la vida de Jesucristo. Repito aquí para toda la Iglesia lo que muchas veces he dicho a los sacerdotes y laicos de Buenos Aires: prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades. (numeral 49) Es tremendo esto que nos dejó el Santo Padre: ser una Iglesia de salida.
No hay que llegar un día al cielo con las manos vacías cuando aún podemos salir; hagamos lo que se pueda. De mi parte será estar aún con más deseo de quienes me sigan en esta misión de que seamos esta Iglesia en SALIDA.
Gracias por su apoyo a este apostolado; nos ayuda a llevar la Palabra de Dios de tantas maneras a todas las almas necesitadas. Sigo elevando mi oración a Dios Padre amoroso por las necesidades de cada uno de ustedes. En cada Ave María ruego a María Santísima por sus familias.
P.D. Quiero hacerles una atenta invitación para que nos encontremos en el Metanoia Chicago 2026 este mes de septiembre, los días 19 y 20. Estaré con ustedes para compartir la Palabra de Dios. Además, preparémonos para recibir e invitar a los jóvenes, solteras y solteros, al CDJ. No se lo pierdan; inviten a alguien para que los acompañe.
Su amigo y servidor,

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